Maestros: Biografías

Bismi-Llāhi-r-Raḥmāni-r-Raḥīm,

Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ aš-Šinqīṭī

Entre aquellos que poseen estaciones envidiables y luces resplandecientes, gloriosos méritos y prodigios evidentes, se encuentra el gran Santo y célebre ʿĀrif, el Sabio, el incomparable, el Šayj Sīdī Abū ʿAbd Allāh Muḥammad al-Ḥāfiẓ al-ʿAlawī aš-Šinqīṭī – ¡que Allāh esté complacido con él!

Formaba parte de la élite de la élite de los Compañeros de sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī – ¡que Allāh esté complacido con él! Le fue abierta la puerta de la santidad mayor y sayyidnā Šayj atestiguó que poseía la iluminación mayor (al-fatḥ al-akbar).

Después de haberse asimilado todas las ciencias y ser reconocido como Imām, el Šayj al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! – decidió realizar su peregrinaje a la Santa Morada y visitar el Santo Sepulcro del Profeta  – ¡que Allāh lo bendiga y le dé paz! Pero también tomó la resolución de encontrar en este viaje a un Maestro perfecto de entre la gente de Allāh.

En su viaje, estuvo acompañado por un hombre originario de Marruecos. Cuando intimaron, se contaron sus secretos y se dieron cuenta de que los dos tenían el mismo objetivo: encontrar a un Maestro perfecto. Prometieron pues informarse mutuamente de sus búsquedas.

Llegando a la Meca, Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! – no escatimó sus esfuerzos. Pidió a Allāh – ¡Exaltado y enaltecido sea! – en todos los lugares favorables para la invocación y la contestación. Un día, mientras realizaba la circunvalación a la Santa Morada (ṭawāf), un hombre junto a él le dijo discretamente: “Tu maestro es el Šayj Aḥmad at-Tiŷānī”.

Al no conocer este nombre, Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! – se dirigió hacia su compañero de viaje y le informó de la buena noticia. Decidieron preguntar a los distintos peregrinos sobre tal Maestro, hasta que se encontraron con gente del Magreb. Algunos les dijeron entonces: “Id a ver a la gente de Fez”. Fueron a verlos y les preguntaron.

Algunos de ellos les hablaron de manera imprecisa de un hombre de Fez volcado en las ciencias legales y célebre por su sabiduría y su conocimiento de la alquimia. Luego les aconsejaron ir a ver otro grupo de Fez cerca de ellos. Fueron a verlos y éstos les hablaron de un hombre de conocimiento y de santidad. Les hablaron también de un hombre de entre la élite de sus Compañeros, a saber Sīdī al-Ḥāŷŷ ʿAlī Ḥarāzim – ¡que Allāh esté complacido con él! –. Finalmente, les describieron el lugar donde residían.

Estos relatos impactaron profundamente a Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! –, quien decidió ir a Fez después de terminar su peregrinaje y su visita al Santo Sepulcro. A la vuelta, le propuso a su compañero de viaje ir a Fez, pero éste alegó no poder separarse del convoy de los peregrinos.

De este modo, Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ partió hacia Fez. Se encontró con sayyidnā Šayj en su conocida zāwiyya, donde permaneció durante dos años seguidos. Cuando llegó el momento de volver su patria, sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī – ¡que Allāh esté complacido con él! – le entregó una autorización ilimitada (iŷāza muṭlaqa) en todo, salvo en el número de Muqaddams que podía nombrar, quedando esta cifra limitada a 10.

Antes de marchar, Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ le pidió a sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī – ¡que Allāh esté complacido con él! – algunos consejos, y éste le contestó: “No muestres tu afiliación a la Ṭarīqa hasta que Allāh se encargue de llamar a la gente hacia ti”.

Así pues, se dirigió hacia su país natal y se dedicó a la enseñanza, absteniéndose de llamar a la gente a la noble Vía Tiŷāniyya, con el fin de respetar los consejos de sayyidnā Aḥmad – ¡que Allāh esté complacido con él!

Sin embargo, un día, después de la oración del ʿaṣr, y mientras Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ se disponía a dar su lección ante la asamblea de sus alumnos, penetró en aquella reunión un hombre conocido por su santidad y sus encuentros con al-Jaḍir – ¡con él sea la paz!

La gente le dijo a Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él!: “Este hombre es el conocido santo”. Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ dijo entonces: “¡Subḥāna Allāh!”. Se dirigió hacia el hombre y le pidió que se instalara a su lado. Pero el hombre rechazó la invitación. Se sentó ante él y le dijo: “¿Sabes por qué he venido?”. “No”, contestó Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! El hombre le reveló: “Me ha sido dada la autorización de venir para que me des el depósito que has recibido en la colina (es decir Fez)”. Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! – le contestó: “¡Oh Maestro! ¿Qué he traído de la colina sino unos cuantos libros? Si los necesitas, mandaré que te los traigan. Te pertenecen”. El hombre contestó: “Esto no me hace falta. He venido para que me autorices a recitar y me des el wird de Sīdī Šayj Aḥmad at-Tiŷānī”. Y así Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! – le transmitió el wird.

La asamblea se dispersó y cada uno volvió con su familia, contando lo que acababa de pasar. Aquella misma noche la noticia se propagó en todas las casas y el nombre de sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī – ¡que Allāh esté complacido con él! – fue pronunciado por todas las lenguas.

A partir del día siguiente, vino la gente en masa para tomar el wird y afiliarse a la Ṭarīqa Tiŷāniyya. Así esta ṭarīqa se difundió por medio de Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! –, y una cantidad impresionante de gente recibió la autorización de recitar sus letanías.

Entre toda esta gente, se encontraban por ejemplo el virtuoso y conocido Santo, Sīdī Mawlūd Fāl – ¡que Allāh esté complacido con él! –, y el eminente ʿārif Sīdī Bū Walīd Hamma Jtār – ¡que Allāh esté complacido con él! Este último pertenecía a la Ṭarīqa Qādiriyya Kuntiyya, que abandonó para tomar la Ṭarīqa Tiŷāniyya.

Después de cambiar de ṭarīqa, vio al Profeta  – ¡que Allāh lo bendiga y le dé paz! – en sueño junto con sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī y el Šayj Mujtār al-Kuntī – ¡que Allāh esté complacido con ambos!

Cuenta él mismo: “Šayj Mujtār me reprochaba el haber abandonado su wird para tomar el de sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī – ¡que Allāh esté complacido con él! De mientras, yo miraba a sayyidnā Aḥmad at-Tiŷānī – ¡que Allāh esté complacido con él! –, esperando que respondiera. Pero en lugar de esto, permanecía con la cabeza y la mirada bajadas ante el Profeta  – ¡que Allāh lo bendiga y le dé paz! –, teniendo un comportamiento sumamente considerado y ejemplar. No se atrevía a hacer gesto alguno. Cuando los reproches del Šayj Mujtār – ¡que Allāh esté complacido con él! – se hicieron incesantes, el Profeta mismo  – ¡que Allāh lo bendiga y le dé paz! – se volvió hacia él y le dijo: “He aquí los que Allāh ha guiado, sigue pues su guía”. Después se calló”.

Sīdī Muḥammad al-Ḥāfiẓ – ¡que Allāh esté complacido con él! – murió en 1245 H., y fue enterrado en un lugar llamado Anfani, cerca de la ciudad de Būtīlmīt (Mauritania).

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