Qaṣīda del Šayj Ibrāhīm Niyās en honor al Profeta (SAAWS)

قصيدة من قصائد صاحب الفيضة التجانية شيخ الإسلام الحاج إبراهيم نياس

بسم الله الرحمن الرحيم

طَبِيبِي قَرِيبٌ هَلْ سِقَامِيَ تَسْمَعُ يُقَابِلُنِي يَوْمِي الْمُقَفَّى الْمُشَفَّعُ
أَرَانِي إِذَا مَا جِئْتُ يَوْمًا مُحَمَّدًا تَحَقَّقَ آمَالِي كَمَا أَتَوَقَّعُ
مُحَمَّدٌ خَيْرُ العَالَمِينَ وَسِيلَتِي أَتَاكَ خَدِيمٌ ضَارِعٌ يَتَشَفَّعُ
أَتَيْتُ بِصِنْوِي ثُمَّ أَهْلِي وَإِلْدَتِي سِرَاعاً وَحَوْلَ الهَاشِمِي نَتَجَمَّعُ

وَخَلْفِي جُمُوعٌ يَنْتَمُونَ لِحِزبِكُمْ يَعُمُّهُمْ التَّشْفِيعُ أَجْمَعُ أَكْتَعُ
أَيَا نَفْسُ أَدْرَكْتِ الأَمَانِي فَهَذِهِ مَرَابِعُ خَيْرِ النَّاسِ وَالنُّوْرُ يَسْطَعُ
فَأَلْقَتْ عَصَاهَا وَاسْتَقَرَّ بِهَا النَّوَى وَنِلْتِ الْمُنَى مَا بَالُ عَيْنِكِ تَدْمَعُ
وَمَا بَالُ هَذَا الشَّوْقِ وَالشَّمْلُ جَامِعٌ وَذَا الحَبْلُ مَوْصُولٌ فَمَا الوَصْلُ يُمْنَعُ
فَلَوْ صَوَّرُونيِ فِي الحَقِيقَةِ لَمْ يَرَواْ سِوَى شَخْصٍ مَحْبُوبٍ بِهِ أتمتَّعُ
فَبَاعِثُ إِبْرَاهِيمَ لِلشَّوْقِ وَاحِدٌ فَلَسْتُ أُثَنِّيهِ وَلَمْ أَكُ أَجْمَعُ
وَهُوَ الْمُصْطَفَى خَيْرُ الخَلَائِقِ أَحْمدٌ بِهِ قُوتُ رُوحِي عِنْدَهُ القَلْبُ يَخْشَعُ
عَكَفْتُ عَلَى بَابِ النَّبيِّ مُحَمَّدٍ وَمَنْ رَامَ ضُرِّي فَهُوَ أَجْدَى وَأَنْفَعُ
بِمَكَّةَ بِالْمَسْعَى بِخَيْفٍ وَمَشْعَرٍ ضِيَاءُ رَسُولِ اللهِ لِلطَّرْفِ يَلْمَعُ
بِغَارِ حِرَاءٍ بِالْمُحَصَّبِ لَا أَرَى رَفِيقاً سِوَى الهَادِي بِهِ أَتَمَتَّعُ
مُحَمَّدٌ عَبْدُ اللهِ أَحْمَدُ عَاقِباً بِحُبِّ الإِمَامِ الهاشِمِي أَتَشَبَّعُ
عَلَيْكَ أَمِينُ اللهِ نَاصِرُ حَامِداً بَشِيرٌ نَذِيرٌ مَاحِيَ الكُفْرِ أَرْوَعُ
مَكِّيٌّ وَيَا مَأْمُونُ حِبِّي وَمَرْكَزِي فَمَا فِي سِوَى هَادِي البَرِيَّة أَطْمَعُ
أَيَا جَامِعَ الخَيْرَاتِ يَا مَلْجَأَ الوَرَى فَصِلْنِي بِحَبْلٍ لَا يُرىَ يَتَقَطَّعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ فَإِنَّ فُؤَادِي عِنْدَكَ الدَّهْرَ أَجْمَعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ فَعَيْشٌ بِدُونِ الحُبِّ فِيكَ مُضيَّعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ لِقَاءٌ كَحَسْوِ الطَّيْرِ لِلْقَلْبِ مُوجِعُ
وَيَوْمٌ كَأَلْفٍ مِنْ سِنِينَ أَعُدُّهُ قَصِيراً فَمَا نَفْسِي بِذَلِكَ تَقْنَعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ عَلَى رَغْمِ أَنْفِي بِالسَّلَامِ أُوَدِّعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ وَهَلْ بَعْدَ هَذَا كُلِّهِ سَوْفَ أَرْجِعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ مَدَى الدَّهْرِ دِيْنَ الْمُصْطَفَى القرْمِ أَرْفَعُ
عَلَيْكَ صَلَاةُ اللهِ ثُمَّ سَلَامُهُ مَقَامُكَ مَحْمُودٌ لَدَى الحَشْرِ تَشْفَعُ

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De la prohibición de la homosexualidad en el Islam

بسم الله الرحمن الرحيم والحمد لله رب العالمين

والصلاة وسلام على رسول الله المصطفى

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Ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que la paz sea con él! – en un ḥadīṯ transmitido por Muslim en su Ṣaḥīḥ:

Quien de vosotros vea una mala acción, que intervenga con su mano. Si no puede intervenir, que lo condene con su lengua. Y si no pudiera con su lengua, que lo desapruebe en su corazón, y ésta es la mínima manifestación de fe exigida.

Después de la creación y presentación oficial de AMHO (Asociación de Musulmanes HOmosexuales), la primera asociación de musulmanes homosexuales de España, es nuestra obligación recordar que la homosexualidad es considerada como un pecado mayor (kabīra) y una inmoralidad (fāḥiša) en el Islam.

No queremos imponer a nadie una conducta en particular. Si alguien quiere pecar, tiene el camino abierto y las consecuencias serán para él.

Sin embargo, no podemos dejar que se cambie la Ley de Al·lāh en base a las pasiones de algunos individuos que quieren alterar las categorías de la Ley como lo lícito y lo ilícito. No podemos callar ante gente que pretende que la homosexualidad está permitida en el Islam y aspira a realizar matrimonios homosexuales según el rito islámico.

El futuro de nuestra religión está en juego y si no nos oponemos rotundamente a la corrupción manifiesta de nuestro dīn, las consecuencias más nefastas se abatirán sobre el conjunto de la Umma.

Ha dicho Al·lāh en el Sagrado Corán:

Quienes no juzguen según lo que Al·lāh ha hecho descender… Ésos son los incrédulos (Cor 5:44)

Quienes no juzguen según lo que Al·lāh ha hecho descender… Ésos son los injustos (Cor 5:45)

Quienes no juzguen según lo que Al·lāh ha hecho descender… Ésos son los impíos (Cor 5:46)

E hicimos que descendiera sobre ti el Libro con la Verdad como confirmación de lo que había en el Libro y para preservarlo. Así pues, juzga entre ellos según lo que Al·lāh ha hecho descender y no sigas sus pasiones en contra de la verdad que te ha venido (Cor 5:48)

Juzga entre ellos según lo que Al·lāh ha hecho descender, no sigas sus pasiones y ten cuidado con ellos. No sea que te desvíen de algo que Al·lāh ha descendido sobre ti. Y si se apartan… Al·lāh quiere afligirlos a causa de algunas de sus faltas. Realmente muchos de los hombres son impíos (Cor 5:49)

¿Acaso quieren que se juzgue con el juicio de la ignorancia? ¿Y qué mejor legislador que Al·lāh para los que saben con certeza? (Cor 5:50)

Vemos en estos versículos la importancia de juzgar según lo que Al·lāh ha revelado.

Ésta es una cuestión fundamental porque en función de la actitud que se adopte, uno podrá salir inmediatamente del Islam y del grupo de los creyentes para convertirse en un kāfir, según lo estipulado en estas aleyas del Sagrado Corán.

En efecto, el juicio fundado en otra cosa que la revelación, es equiparado con el juicio de la ignorancia (ŷāhiliyya). Y los que no juzgan según lo que Al·lāh ha revelado, son llamados incrédulos (kāfirūn), injustos (ẓālimūn) e impíos (fāsiqūn).

Debe quedar bien claro que ningún pecado, ninguna desobediencia a Al·lāh, hacen salir del Islam. Pero una grave desviación en la creencia, ya sea en lo que concierne a la naturaleza de Al·lāh, de Sus Ángeles, de Sus Profetas y de Sus Libros o al contenido mismo de la Ley revelada, como lo que es lícito o ilícito, sí puede hacer salir del Islam, como es evidente a partir de las aleyas citadas.

Por ejemplo, dejar la oración no hace salir del Islam, pero implica para el musulmán que la deja, cometer un pecado mayor y vivir en un estado de desobediencia gravísimo que lo llevará, si no se arrepiente, al Fuego del Infierno. Pero creer que la oración no es obligatoria, se realice ésta o no, sí hace salir del Islam.

Del mismo modo, un musulmán homosexual seguirá siendo musulmán, aunque desobediente y pecador. Sin embargo, quien crea que la homosexualidad está permitida en el Islam, sea él mismo homosexual o no, sí habrá salido del Islam.

La razón de ello es que cambiar las categorías de la Ley como lo lícito y lo ilícito, equivale a mentir sobre Al·lāh, lo que evidentemente constituye un insulto a Al·lāh y un ataque claro a Su Derecho, así como una usurpación y un acto de orgullo abominable por el que uno pretende saber mejor que Al·lāh qué es correcto y bueno y qué es incorrecto y malo.

Así pues, quien diga que lo ilícito es lícito e inversamente, no podrá ser considerado musulmán según las aleyas:

Y no digáis con una mentira que salga de vuestras bocas: “Esto es lícito y esto es ilícito”, para inventar mentiras contra Al·lāh. Cierto que los que inventan mentiras contra Al·lāh no prosperan (Cor 16:116)

Los que descreen inventan mentiras sobre Al·lāh, pero la mayoría de ellos no razona (Cor 5:103)

Habéis decidido qué es lícito y qué es ilícito. Di: “¿Acaso Al·lāh os ha dado autorización para ello? ¿O es que estáis inventando sobre Al·lāh?” (Cor 10:59)

Gracias a Al·lāh, las cosas lícitas y las cosas ilícitas han sido claramente establecidas y diferenciadas. Dice Al·lāh en el Sagrado Corán: “Ciertamente os ha explicado claramente lo que os ha prohibido” (Cor 6:119). Y dice un conocido ḥadīṯ del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – transmitido por al-Bujārī y por Muslim en sus Ṣaḥīḥ respectivos: “Ciertamente lo lícito es obvio y lo ilícito es obvio”.

No hay ninguna discrepancia sobre las mayores prohibiciones. En el Islam, se dice que hay siete miembros pudiendo realizar actos de desobediencia (maʿṣiyya):

1)      Lengua: mentir, calumniar, etc.

2)      Ojos: mirar hacia cosas prohibidas, etc.

3)      Orejas: escuchar chismorreos o calumnias, etc.

4)      Vientre: comer cerdo, beber alcohol, etc.

5)      Manos: pegar sin derecho, etc.

6)      Pies: ir a un lugar prohibido, etc.

7)      Genitales: fornicar (tener relaciones extramatrimoniales), etc.

Las prohibiciones que atañen a estos siete miembros deben ser conocidas necesariamente, al menos las más importantes, porque forman parte de lo que necesariamente debe conocerse de la religión (al-maʿlūm mina-d-dīni bi-ḍ-ḍarūra).

No hay excusa para la ignorancia en este ámbito. Quien no sepa por ejemplo que en el Islam no se puede beber alcohol y lo beba, estará pecando y será considerado responsable de su acto, porque uno debe conocer necesariamente la prohibición de beber alcohol.

Pero quien por ignorancia cometa un pecado que no forma parte de lo que necesariamente debe ser conocido de la religión, no será considerado responsable de su acto y le será perdonado.

En el caso que nos ocupa, a saber las prohibiciones concernientes a los órganos genitales, uno debe saber necesariamente que están prohibidas:

1)      La fornicación (zinā), es decir las relaciones sexuales extramatrimoniales, ya se produzcan antes, durante o después del matrimonio;

2)      Las perversiones sexuales (aš-šuḏūḏu-l-ŷinsiyya), que pueden clasificarse según varios criterios: objeto del deseo, intensidad del deseo, etc.

En el Islam tradicional, las perversiones sexuales más estudiadas se refieren a la desviación del objeto del deseo sexual cuya norma es bien conocida. Tanto para la ley natural como para la Ley revelada, el objeto del deseo normal es:

1)      La persona (ser humano),

2)      Viva,

3)      Del sexo opuesto,

4)      Extraña (no consanguínea),

5)      Y púber (mayor de edad).

Aparecen desviaciones cuando este objeto del deseo sexual queda desplazado hacia:

1)      Los animales: zoofilia (ityānu-l-bahāʾim),

2)      Las personas muertas: necrofilia (waṭʾu-l-ŷuṯṯa),

3)      Las personas del mismo sexo: homosexualidad masculina (liwāṭ) y femenina (siḥāq),

4)      Sí mismo: onanismo o masturbación (istimnāʾ),

5)      Los miembros consanguíneos de la familia: incesto (zinā-l-maḥārim),

6)      Las personas menores de edad e impúberes: pedofilia (ġulmāniyya).

Como todas las Leyes Sagradas, la Ley del Islam revelada al Profeta Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, prohíbe la homosexualidad de manera clara y firme.

Encontramos una condena tajante de esta práctica en numerosas aleyas del Sagrado Corán relacionadas con la historia del pueblo de Lūṭ, historia que también ha sido recogida en la Biblia (Sodoma y Gomorra).

Dice Al·lāh en el Sagrado Corán que el pueblo de Lūṭ recibió la visita de unos Ángeles bajo forma humana. Cuando fueron a encontrarse con Lūṭ y su familia, el pueblo de Lūṭ quiso abusar sexualmente de ellos:

Y Lūṭ cuando dijo a su gente: “¿Vais cometiendo la indecencia que nadie antes en los mundos ha cometido? ¿Vais a los hombres con deseo en vez de a las mujeres? Realmente sois una gente desmesurada. Pero la única respuesta de su gente fue decir: “¡Expulsadlos de vuestra ciudad! Son gentes que se tienen por puros” (Cor 7:80-882)

Y a Lūṭ le dimos juicio y conocimiento. Y lo salvamos de la ciudad que cometía las obscenidades. Realmente era gente mala e impía (Cor 21:74)

¿Vais a los varones del mundo, dejando las esposas que Al·lāh creó para vosotros? Sois gente transgresora (Cor 26:165-166)

Y Lūṭ cuando dijo a su gente: “¿Os entregáis a la aberración a pesar de lo que veis? ¿Cómo es que buscáis con deseo a los hombres en vez de a las mujeres? Realmente sois un pueblo de ignorantes” (Cor 27:54-55)

Nuestro señor Lūṭ – ¡con él sea la paz! – acusa a su pueblo de ser desmesurado (qawmun musrifūn), transgresor (qawmun ʿādūn) e ignorante (qawmun taŷhalūn) en razón de esta abominación.

La palabra árabe que ha sido traducida por “indecencia”, “aberración” o “abominación” es “fāḥiša”. Este término remite en general a un acto o a una palabra moralmente condenable y especialmente a un acto obsceno, impuro e indecente como las relaciones sexuales entre gente no casada (fornicación), el libertinaje y todas las perversiones sexuales.

Como dice Ibn al-Aṯīr, en la terminología islámica, el término “fāḥiša” casi ha devenido un sinónimo de fornicación. Además, el Sagrado Corán también califica las obscenidades del pueblo de Lūṭ con el término “jabāʾiṯ” que remite a todo acto obsceno, impúdico y moralmente sucio, incluida la fornicación, como es evidente en esta otra aleya que remite a los fornicadores:

Las mujeres malas (jābiṯāt) para los hombres malos (jābiṯūn) y los hombres malos (jābiṯūn) para las mujeres malas (jābiṯāt). Las mujeres buenas para los hombres buenos y los hombres buenos para las mujeres malas (Cor 26:26)

No obstante, la fornicación del pueblo de Lūṭ era de un tipo especial, porque se basaba en las relaciones homosexuales: “¿Vais a los hombres con deseo en vez de a las mujeres?”.

Según los exegetas, esta interrogación enunciada por nuestro señor Lūṭ – ¡con él sea la paz! – significa la condena, la reprobación y la reprensión. Y el objeto de esta condena es, según el significado literal de las aleyas, la relación homosexual entre hombres.

En efecto, el verbo “taʾtūna”, que ha sido traducido por “vais”, significa ir o presentarse y se usa habitualmente para designar el acto sexual o coito.

Por tanto, estas aleyas remiten a la relación homosexual de tres maneras:

1)      A través del verbo “atā”, que remite al acto sexual, al coito y a la penetración;

2)      A través de la palabra “šahwa” (deseo), que remite al deseo sexual;

3)      A través de la identificación del objeto sexual como siendo “riŷāl” (hombres) en vez de “nisāʾ” (mujeres).

Pese a la claridad del texto coránico, algunos “pensadores” contemporáneos como el Sr. Prado sugieren que la condena aquí enunciada no se refiere a las relaciones homosexuales, sino a la promiscuidad sexual.

Esta interpretación ilógica que contradice el sentido literal del texto coránico, el Sr. Prado la presenta careciendo del conocimiento más básico de la lengua árabe y de los principios exegéticos y pretendiendo regirse por un método más literalista que el del propio Ibn Ḥazm.

Dice el Sr. Prado que aquí el término “riŷāl” (hombres) remite a “la humanidad en general” y no “exclusivamente a los varones” y que el término “nisāʾ” remite a “las propias mujeres”, es decir a la “pareja”, y no a “las mujeres en general” (ver por ejemplo el cap. 6 de El islam anterior al islam).

Prosigue el Sr. Prado su interpretación diciendo que en la aleya: “¿Vais a los varones del mundo, dejando las esposas que Al·lāh creó para vosotros?” (Cor 26:165-166), el término “azwāŷ”, plural de “zawŷ”, significa “pareja”, sin que ello determine este término en un sentido heterosexual u homosexual.

Es verdad que según el Lisān al-ʿArab, el término “zawŷ” significa “pareja” o “par”, pero no es menos cierto que se determina este término en un claro sentido heterosexual, por lo que éste puede traducirse perfectamente por “esposo o marido” en el caso de la pareja de la mujer y por “esposa o mujer” en el caso de la pareja del hombre.

Leemos en el Lisān al-ʿArab:

La pareja (zawŷ) del hombre es su mujer. Y dice Ibn Sīdah: “El hombre es la pareja de la mujer y ella es su pareja (zawŷ o zawŷa)”.

Este significado propio de la lengua árabe queda aún más claro cuando recordamos la letra misma de la aleya de la sūra 7: “¿Vais a los hombres con deseo en vez de a las mujeres?”.

La expresión “min dūni” traducida aquí por “en vez de”, significa “en lugar de” o “fuera de”, lo que indica que la relación heterosexual constituye la norma y que la relación homosexual es una desviación y una perversión, la que conforma precisamente la abominación, la infamia y la ignominia en la que ha caído el pueblo de Lūṭ.

Además, la propia estructura de la frase de estas aleyas contrapone claramente “ḏukrān” (varones) con “azwāŷ” (esposas) en la aleya sūra 26, y “riŷāl” (hombres) con “nisāʾ” (mujeres) en las aleyas de las sūras 7 y 27.

Si azwāŷ no remite a las esposas, ¿por qué contraponerlo a ḏukrān? Y si nisāʾ no remite a las mujeres, ¿por qué contraponerlo a riŷāl?

Por lo demás, el género humano incluye y comprende a las mujeres propias del pueblo de Lūṭ. ¿Tiene sentido decir: “¿Vais al género humano en vez de a vuestras propias mujeres?”? ¿Acaso las mujeres del pueblo de Lūṭ no formaban parte del género humano?

En verdad, si el texto coránico estuviese remitiendo al género humano en su conjunto, diría “nās” (gente) en vez de “riŷāl” y no estaría utilizando una estructura gramatical que contrapone este término con el de “nisāʾ”.

Tal contraposición demuestra que “riŷāl” debe entenderse como el contrario de “nisāʾ”, es decir como “hombres” o “varones”.

Pretender que “riŷāl” remite al género humano en su conjunto contraviene pues al sentido literal del texto coránico, tanto en su fondo como en su forma, tanto en su contenido semántico como en su estructura gramatical.

En definitiva, no hay duda de que el acto, el proceder o la práctica del pueblo de Lūṭ (“fiʿl qawm Lūṭ” o “ʿamal qawm Lūṭ”) consistía en la abominación contra natura llamada sodomía.

Y como dice el Imām al-Māturīdī, el pueblo de Lūṭ no ignoraba que se trataba de una abominación, porque su respuesta a la amonestación de Lūṭ fue: “¡Expulsadlos de vuestra ciudad! Son gentes que se tienen por puros”. Esto prueba que la homosexualidad se opone tanto a la ley natural como a la Ley Sagrada.

En razón de tal abominación, el Profeta Lūṭ – ¡con él sea la paz! – fue enviado para amonestar a su pueblo del peligro que corría y para guiarlo hacia la verdad y el bien, ya que tal y como indica el Sagrado Corán, el pueblo de Lūṭ fue el primero en tener relaciones homosexuales y ningún pueblo anterior imaginó que tal cosa pudiera existir: “¿Vais cometiendo la indecencia que nadie antes en los mundos ha cometido?”.

Este dato excluye también – si falta hiciera – la posibilidad de que la indecencia del pueblo de Lūṭ remita simplemente a la promiscuidad sexual, ya que ésta existía anteriormente al pueblo de Lūṭ, desde épocas antediluvianas, tal y como ha sido recogido en la historia de los hijos directos de nuestro señor Ādam – ¡con él sea la paz!

A este respecto, se puede leer por ejemplo la historia de ʿIwaŷ ibn ʿInāq bint Ādam, que fue el primer ser humano nacido de una relación adulterina.

Además, el Sagrado Corán nombra la abominación del pueblo de Lūṭ con un artículo determinado. Dice: “¿Vais cometiendo LA indecencia que nadie antes en los mundos ha cometido?”, porque esta indecencia es la que caracteriza propiamente al pueblo de Lūṭ, hasta el punto de que en las fuentes islámicas originales, la homosexualidad es llamada simplemente la práctica del pueblo de Lūṭ (ʿamalu qawmi Lūṭ).

Ha dicho en este sentido ʿAmr ibn Dīnār: “Ningún hombre montó a otro hasta que apareció el pueblo de Lūṭ”.

Contrariamente a ello, la fornicación (zinā) es mencionada en el Sagrado Corán de un modo indeterminado, porque no fue inventada específicamente por un pueblo en particular, sino que fue practicada desde los tiempos de nuestro señor Ādam – ¡con él sea la paz! – y ello antes de que la humanidad se dividiera en distintos pueblos: “Y no os acerquéis a la fornicación, ya que es UNA indecencia” (Cor 17:32).

Otros comentadores añaden que el artículo determinado significa que la homosexualidad es la indecencia por excelencia, la abominación por antonomasia, la que constituye el colmo de la inmoralidad, mientras que la fornicación entre personas de sexo opuesto es una inmoralidad de grado menor.

Así pues, la abominación (fāḥiša) del pueblo de Lūṭ era la homosexualidad. Y por esta razón, entre otras cosas, fueron condenados.

Quien diga no obstante que el pueblo de Lūṭ fue condenado por su impiedad (kufr), por su rechazo de los Profetas y por su violación de las leyes de la hospitalidad, pero no por su homosexualidad, no se funda en nada sino en sus pasiones, porque el texto coránico indica claramente que una de las razones por las que el pueblo de Lūṭ fue condenado radica precisamente en la homosexualidad, aunque no fuera ésta la única razón.

Por tres veces, la recriminación de Lūṭ – ¡con él sea la paz! – es enunciada de forma interrogativa y el contenido de la reprobación es siempre el mismo: “¿Vais a los hombres con deseo en vez de a las mujeres?”, “¿Buscáis con deseo a los hombres en vez de a las mujeres?” y “¿Vais a los varones del mundo, dejando las esposas que Al·lāh creó para vosotros?”.

Además, tal y como recuerda Ibn al-Ŷawzī, el relato del pueblo de Lūṭ se centra mucho más en sus prácticas abominables que en su incredulidad (kufr), a pesar de que la incredulidad es más grave que la indecencia (fāḥiša).

La razón de ello, explica, estriba en que la historia del pueblo de Lūṭ tiene como finalidad principal advertir sobre el carácter abominable de estas prácticas sexuales, así como sobre el castigo que espera a quienes las cometen.

Así pues, no se puede negar que el objeto de la recriminación dirigida al pueblo de Lūṭ es la homosexualidad, aunque se les imputen igualmente otros cargos.

Pero en su desesperación por hacer admitir sus pasiones, ciertos “pensadores” pretenden que la prohibición enunciada en el Sagrado Corán se limita a las relaciones homosexuales fuera del matrimonio y sobre todo cometidas con violencia y coacción.

Afirman por un lado que el Islam condena las relaciones extramatrimoniales tanto heterosexuales como homosexuales, sin que se establezca una distinción entre ambas. Y por otra parte, declaran que el Islam autoriza las relaciones sexuales en el marco del matrimonio, ya sea entre personas del mismo sexo o del sexo opuesto.

Por lo tanto, según ellos, para que las relaciones homosexuales sean lícitas, solo sería necesario realizar un matrimonio entre personas del mismo sexo.

A esto podemos responder en primer lugar que la condena de la homosexualidad tal y como es enunciada en el Sagrado Corán es general y no se limita a una condición particular, como el matrimonio o la fornicación, el consentimiento o la violencia. Querer limitar tal condena es añadir al texto coránico lo que no se encuentra en él.

En segundo lugar, solo puede contraerse matrimonio entre un hombre y una mujer en base a las aleyas siguientes de la sūra 23, en las que Al·lāh describe así a los creyentes:

Aquellos que preservan sus genitales, excepto con sus esposas (azwāŷ) o sus esclavas, en cuyo caso no se les puede reprochar nada. Pero quien busque algo más allá de esto… Esos son los transgresores (Cor 23:5-7)

Y comenta Ibn Kaṯīr en su tafsīr:

Es decir aquellos que preservan sus genitales de lo prohibido y no caen en lo que Al·lāh les ha prohibido como la fornicación (zinā) o la sodomía (liwāṭ); aquellos que solo se acercan a sus esposas o a sus esclavas, las que Al·lāh les ha hecho lícitas.

Y ha dicho al-Qurṭubī en su tafsīr:

Quien practica el sexo (nikāḥ) con aquello que no está permitido es llamado transgresor y por tal transgresión es merecedor de un castigo (ḥadd). El homosexual (lāʾiṭ) es transgresor tanto en el sentido que tiene esta palabra en el lenguaje común (luġatan) como en el sentido coránico (qurʾānan). En efecto, ha dicho Al·lāh: “Ciertamente sois un pueblo transgresor” (Cor 26:166).

Hemos visto que la lengua árabe determina de manera heterosexual las relaciones de pareja. La pareja del hombre solo puede ser su mujer y la pareja de la mujer solo puede ser su marido. No hay matrimonio fuera del matrimonio heterosexual y quienes vayan más allá de este límite establecido por la ley natural y la Ley revelada, no son sino transgresores.

Al fin y al cabo, todos estos “pensadores” contemporáneos que intentan reinventar el Islam al gusto de sus pasiones, no hacen sino alterar el significado de las palabras árabes para cambiar las categorías de lo lícito y de lo ilícito, y realizan así la profecía de nuestro señor Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – enunciada en estas narraciones: “Habrá cierta gente en mi comunidad que establecerá la licitud del alcohol cambiándole de nombre” y también: “Vendrá un tiempo en el que se considerará lícita la usura porque se le habrá dado el nombre de venta”.

Esto se llama permitir lo prohibido cambiándole el nombre (istiḥlālu-l-ḥarām bi-tasmiyyatihi bi-ġayri-smihi). El Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – anunció que esto ocurriría y vivimos la realización de esta profecía.

Aprovechándose de la polisemia de la lengua árabe para utilizar cada término en un sentido opuesto al que exige el contexto, estos “pensadores” pretenden hacer una lectura literal del Sagrado Corán, dando a cada frase un significado contrario al significado literal y añadiendo al texto coránico ciertas limitaciones para orientar tendenciosamente ese significado fantasioso hacia la justificación de sus opiniones personales.

Otro ejemplo de ello radica en lo que hemos mencionado ya de paso. Como hemos visto, la homosexualidad queda condenada en el Sagrado Corán independientemente de si es practicada con violencia y coacción o con el consentimiento de la otra persona.

El contenido de la recriminación no se limita a la violación a exclusión de la relación homosexual amorosa y sentimental. Lo que reprueba la letra misma del texto es la homosexualidad como tal, y querer limitar esta condena a una condición en particular como la violación o la coacción es añadir al texto lo que no se encuentra en él, limitando lo que tiene un alcance general.

Asimismo, el verbo “atā”, utilizado para remitir aquí a la relación sexual, no implica en nada la idea de que esta relación se mantenga en base a una coacción o a una violencia.

Si se hubiera querido remitir de manera exclusiva a la violación exceptuando la relación amorosa y sentimental, se habrían utilizado los verbos “ġaṣaba” o “iġtaṣaba”, que aluden al acto sexual realizado con violencia y coacción.

Vemos pues que el significado literal de estas aleyas coránicas establece claramente que la práctica del pueblo de Lūṭ estriba en la abominación contra natura y en otras perversiones que empezaron a aparecer en esa época.

De hecho, la razón por la que Lūṭ – ¡con él sea la paz! – fue suscitado como Profeta y enviado hacia estos pueblos de Jordania, es que debían conocer la prohibición de Al·lāh al respecto.

No habiendo respetado tal amonestación, fueron castigados por esta práctica y por sus otros pecados, como el descreimiento de Al·lāh, el rechazo de los Profetas y la violación de las leyes de la hospitalidad. De este modo sirvieron de ejemplo para el conjunto de la humanidad.

Para que no quede duda al respecto, citaremos la interpretación de estas aleyas dada por los mayores Sabios del Islam, aquellos cuyos comentarios constituyen referencias ineludibles.

Ha transmitido el Imām as-Suyūṭī en su tafsīr que Ibn ʿAbbās ha interpretado la aleya de la sūra 7 del modo siguiente:

“¿Vais cometiendo la indecencia…?” remite a la indecencia de tomar a los hombres por el ano.

Y comenta aṭ-Ṭabarī:

Dijo Lūṭ a la gente de Sadūm (Sodoma) hacia los que había sido enviado: “¿Estáis cometiendo la indecencia (fāḥiša)?”. Esta indecencia que cometían y por la que fueron castigados por Al·lāh era la relación sexual entre hombres (ityānu-ḏ-ḏukūr). […] Al·lāh menciona que Luṭ se dirigió a su pueblo para condenar tajantemente estos actos diciendo lo que significa: “¡Oh gente! ¿Tenéis relaciones sexuales entre hombres? ¿Practicáis la sodomía y dejáis a las mujeres, es decir aquello que Al·lāh os ha permitido? Sois gente que practica aquello que Al·lāh ha prohibido. Habéis caído en la desobediencia. Y así es como sois inmoderados”. Sin embargo, la única respuesta del pueblo de Lūṭ cuando fueron amonestados a propósito de sus actos sucios e infames que transgreden las prohibiciones de Al·lāh, fue lo que significa: “¡Expulsad de nuestra ciudad a Lūṭ, a su familia y a todos los que siguen su religión! ¡Son gente que se pretende pura e inocente de lo que nosotros hacemos!”, es decir de relaciones anales entre hombres o con mujeres.

En cuanto al Tafsīr al-Ŷalalayn, indica que la indecencia del pueblo de Lūṭ consistía en tener relaciones anales y que ningún ser humano o genio jamás practicó tales actos hasta esa época. Finalmente, señala que la inmoderación del pueblo de Lūṭ radica en el hecho de transgredir lo lícito yendo hasta cometer lo ilícito.

En su tafsīr intitulado at-Taḥrīr wa at-Tanwīr, Ibn ʿĀšūr comenta:

Cuando dice Al·lāh: “en vez de a las mujeres” (min dūni-n-nisāʾ), se refiere a un grado superior en la abominación, impidiendo pues encontrar un pretexto a este acto infame. Así pues, no se trata de una limitación en la condena. No significa que la bisexualidad, es decir el tener relaciones tanto con hombres como con mujeres, no sería abominable como lo es la homosexualidad, es decir el tener relaciones exclusivamente con hombres.

[…] Al·lāh les ha atribuido la desmesura porque poseen un deseo anormal (šahwa ġarība) distinto del deseo habitual.

Y justifica de este modo la condena de la homosexualidad:

Al·lāh ha designado con los nombres de abominación, infamia e inmoderación este acto, porque encierra grandes males.

En primer lugar, equivale a tener un deseo sexual anormal que se sale de su marco definido. Al·lāh ha creado al hombre dotado de un deseo sexual con el fin de garantizar la supervivencia de la especie mediante las leyes de la reproducción, hasta el punto de que quien quiere satisfacer su deseo sexual, se ve irremediablemente llevado a satisfacerlo según le dicta la naturaleza humana. Pero quien quiere satisfacer tal deseo en un objeto distinto del que Al·lāh ha determinado, es injusto con su naturaleza primordial y con la especie humana, porque está alterando la función propia del hombre, la que Al·lāh ha dado al hombre, transformándola en una función pasiva.

En segundo lugar, este acto supone un inmenso desprecio hacia el hombre pasivo, porque éste sirve como objeto para satisfacer un deseo anormal, distinto al que Al·lāh ha establecido en las relaciones heterosexuales, en las que los deseos de ambos sexos se satisfacen mutuamente.

Y en tercer lugar, este acto tiene como consecuencia la disminución e incluso la desaparición de la reproducción, aparte de que en general estos actos causan en los que los practican, tanto en los activos como en los pasivos, graves perjuicios porque se usan ciertas partes del cuerpo de un modo contrario al fin para el que han sido creadas.

Y dice al-Baqqāʿī en su comentario:

La palabra de Al·lāh “con deseo” significa que el pueblo de Lūṭ solo persigue el puro placer, como los animales, lo que es contrario a toda racionalidad. En cuanto a la expresión “en vez de a las mujeres”, ha sido pronunciada para que no quede duda ni confusión al respecto, es decir para que no se pueda invocar una excusa a esta perversión como la ausencia o la falta de mujeres.

E Ibn Kaṯīr comenta:

Al·lāh envió a Lūṭ hacia la gente de Sadūm y otras ciudades circundantes para llamarlos a Al·lāh – ¡Magnificado sea! – ordenándoles el bien y prohibiéndoles el mal, los pecados, las transgresiones y las infamias que estaban cometiendo y que habían sido los primeros en practicar, sin que ningún ser humano u otro ser los practicara con anterioridad, a saber el tener relaciones sexuales entre varones y no con hembras. Esto es algo que los Hijos de Ādam jamás conocieron con anterioridad. Jamás se les pasó por la cabeza semejante idea y jamás imaginaron algo parecido hasta que apareció la gente de Sadūm entregándose a tales prácticas – ¡que Al·lāh los maldiga!

E interpreta las palabras de Lūṭ como significando:

¿Equiparáis las esposas y lo que Al·lāh os ha creado como mujeres (esclavas), con los hombres? Esto es exageración e ignorancia por parte vuestra, porque ponéis las cosas fuera de su lugar apropiado.

Y añade:

Los exegetas han indicado que entre esta gente, los hombres se satisfacían entre ellos y las mujeres entre ellas.

En cuanto a al-Qurṭubī, dice en su tafsīr de estas aleyas:

Al·lāh ha nombrado tal acto con la palabra “fāḥiša” para mostrar que se trata de una forma de fornicación (zinā). Ha dicho Al·lāh – ¡Enaltecido sea!: “Y no os acerquéis a la fornicación (zinā), ya que es una indecencia (fāḥiša) y un mal camino” (Cor 17:32). Los Sabios han discrepado a propósito de la sanción que debe recaer sobre quien comete tal acto, a pesar de que hay un consenso (iŷmāʿ) sobre su prohibición.

[…] Antes del pueblo de Lūṭ no existía la sodomía (liwāṭ), a pesar de que los ateos piensan que sí. Sin embargo, la verdad está en lo que ha transmitido el Corán.

Ha dicho an-Naqqāš que Iblīs está en el origen de este acto, porque él fue quien llamó a la gente a seguirlo – ¡que Al·lāh lo maldiga! Así la gente empezó a tener relaciones con personas del mismo sexo.

Y ha dicho al-Ḥasan: “Realizaban este acto con los extranjeros, pero no lo hacían con su propia gente”.

Ha transmitido Ibn Māŷah a partir de Ŷābir ibn ʿAbd Al·lāh que ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Lo que más temo para mi comunidad es que caiga en la práctica del pueblo de Lūṭ”.

Y ha transmitido al-Baġawī en su Tafsīr que ha dicho al-Kalbī:

El primero que cometió el acto de la gente de Lūṭ fue Iblīs. La tierra donde habitaba la gente de Lūṭ se volvió próspera y gente de todos los países acudía a ella. Entonces se les apareció Iblīs bajo la forma de un joven e invitó a la gente a penetrarlo por el ano, lo que acabaron haciendo.

Y aṭ-Ṭabarānī transmite en su tafsīr esta sentencia de Ibn ʿAbbās:

Los primeros que cometieron estos actos fueron pueblos que conocían tal prosperidad que la gente emigraba hacia sus ciudades. Entonces se les apareció Iblīs bajo la forma de un joven. Los invitó a penetrarlo por el ano, lo que hicieron, divirtiéndose como necios durante un tiempo. Cuando esta práctica se fue difundiendo, la tierra se quejó a su Señor. Y cuando el cielo se enteró de esta abominación, se quejó a su Señor. Por último, el Trono se enteró de esta abominación y se quejó a su Señor. Entonces Al·lāh ordenó al cielo que los apedreara y a la tierra que se derrumbara sobre ellos.

Y dice Fajruddīn ar-Rāzī en su at-Tafsīr al-Kabīr explicando las razones por las que este acto es considerado como infame:

Debes saber que este acto es considerado tajantemente como una abominación, y ello en virtud de causas puramente naturales sobre las que no es necesario extenderse en detalle. Al menos podemos enumerar estas cuantas razones:

1) La mayoría de gente tiene hijos a pesar de que la familia es la razón por la que un hombre se ve obligado a conseguir una fuente de ingresos, cansándose en la búsqueda de recursos materiales. Por ello, Al·lāh ha puesto en el sexo un placer inmenso. El hombre busca este placer cuando persigue una relación sexual. Entonces, ya sea con su beneplácito o a su pesar, obtiene un hijo. Y de este modo se garantiza la reproducción y la supervivencia de la especie. Al·lāh ha puesto el placer en el sexo del mismo modo en que el hombre pone un cebo en una trampa para atrapar a los animales. El cebo tiene que suscitar el apetito del animal para que éste acabe cayendo en la trampa. Poniendo el placer en el sexo, tal un cebo en una trampa para atrapar animales, Al·lāh ha querido garantizar la permanencia de la especie humana, que es la especie más noble. Dicho esto, cabe recalcar que si el hombre pudiera alcanzar este placer sin tener hijos, la sabiduría divina mencionada no podría aplicarse y se interrumpiría el proceso de la reproducción, contradiciendo así la voluntad de Al·lāh. De ello se deriva necesariamente la prohibición tajante de obtener el placer sexual sin tener hijos.

2) Lo masculino es considerado como activo y lo femenino como pasivo. Cuando se invierten los roles, se contraviene a lo establecido por la naturaleza propia de cada cosa y por la sabiduría divina.

3) La preocupación exclusiva por el placer hace que uno se asemeje a un animal, contrariamente a lo que ocurre cuando la preocupación por el placer y la satisfacción de los deseos sexuales va acompañada de otra utilidad, como el obtener un hijo y garantizar así la supervivencia de la especia humana que es la mejor especie, como en el caso de quien se acuesta con una mujer. En cuanto al que se acuesta con un hombre, esto no le sirve para nada sino para satisfacer pura y simplemente sus deseos, asemejándose así a los animales, mostrando unas tendencias anti-humanas y cayendo en el colmo de la infamia.

4) Supongamos que el activo satisface sus deseos. Pero aún queda el pasivo, que nunca podrá lavarse del grave deshonor, de la inmensa infamia y de la plena ignominia en la que ha caído. Quien tenga un mínimo de sentido común no podrá aceptar que para satisfacer sus deseos abyectos en un instante, alguien deba quedar marcado de por vida por tal deshonra y afrenta.

5) Las relaciones homosexuales deberían causar enemistad entre el activo y el pasivo, e incluso el pasivo debería verse animado del deseo de matar al activo o de atacarlo por cualquier medio, no pudiendo soportar su comportamiento en su presencia. En cambio, las relaciones heterosexuales generan amistad, amor y una gran complicidad, tal y como ha dicho Al·lāh – ¡Exaltado sea!: “Y parte de Sus signos es que os ha creado de vosotros mismos unas esposas para que encontréis sosiego en ellas. Y ha puesto entre vosotros amor y compasión” (Cor 30:21).

6) Al·lāh ha otorgado a la vagina una fuerte capacidad de absorción que le permite asimilar completamente el esperma. Cuando el hombre tiene relaciones sexuales con una mujer, esta absorción es completa, de modo que no queda dentro de la vagina ningún resto de esperma. Por el contrario, cuando un hombre tiene relaciones sexuales con otro hombre, esta absorción no es completa, porque el recto no posee esa capacidad de asimilación del esperma, de modo que siempre queda algo de semen en ese lugar, y con el tiempo, se va pudriendo y corrompiendo, provocando así inflamaciones molestas y enfermedades graves. Todo ello es conocido por las leyes de la medicina y es suficiente para establecer la inmoralidad de este acto.

Y luego añade esta anécdota:

Conocí a un hombre con poco conocimiento y poca práctica de la religión que decía: “Al·lāh ha dicho: “Aquellos que preservan sus genitales, a menos que sea con sus mujeres y lo que poseen” (Cor 23:5). Esto es una prueba de que las relaciones con esclavos están permitidas, ya se trate de hombres o de mujeres. Y no se puede limitar esta permisión a las mujeres solas en base a las aleyas: “¿Vais a los hombres de todos los mundos?” (Cor 26:165) o “¿Vais cometiendo una indecencia que nadie en todos los mundos había practicado antes que vosotros?” (Cor 7:80), porque estas dos aleyas son más generales en un aspecto y más específicas en otro aspecto que la aleya que nos interesa. Son más generales porque el esclavo puede ser tanto hombre como mujer, y son más específicas porque el varón puede ser tanto esclavo como libre. Por tanto no se puede limitar esta permisión en base a estas aleyas ni inversamente. Y la prueba concluyente en este sentido es que la aleya de la sūra 6 remite a la Ley de Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, mientras que la historia de Lūṭ se refiere a la Ley de otros Profetas. Y la Ley de Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – tiene más prioridad que las leyes de los Profetas que le han precedido. Además, la regla general a seguir en relación al beneficio y al placer es que están permitidos. Por último, el maestro de esclavos no tiene ninguna limitación en cuanto a la manera de actuar con ellos”.

Entonces le dije: “Aportar pruebas solo es útil cuando hay algo que demostrar. Pero se ha transmitido de manera amplia (tawātur) y evidente (ẓāhir) que la religión de Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – prohíbe un tal acto, hasta el punto de que se han superado con creces las condiciones para establecer su prohibición. En verdad, es totalmente erróneo querer aportar pruebas cuando se ha establecido un asunto por amplia transmisión (mutawātir)”.

La lectura que hemos indicado también constituye la exégesis de az-Zamajšarī, al-Fayrūzābādī, as-Samarqandī, Ibn al-Ŷawzī, al-Baġawī, an-Nasafī, al-Jāzin, Ibn Ḥayyān, an-Nīsābūrī, aṯ-Ṯaʿālabī, Ibn ʿĀdil, as-Suyūṭī, Abū-s-Suʿūd, Muqātil ibn Sulaymān, aṯ-Ṯaʿlabī, Muŷāhid ibn Ŷabr, al-Ḥalbī, aṭ-Ṭabarānī, Ibn Ŷuzayy, Ismāʿīl Ḥaqqī, Ibn ʿAŷība, Makkī ibn Abī Ṭālib, ʿAbd al-Qādir al-Ŷīlānī, Ibrāhīm Niyās, sin que haya discrepancia al respecto.

O mejor aún, podemos decir que ésta es la interpretación de todos los exegetas del Sagrado Corán. No se puede encontrar ningún exegeta en toda la historia del Islam que autorice la homosexualidad en base a una interpretación semejante que contradice el significado literal, evidente y manifiesto del texto coránico.

Además, tal y como dice el Imām Fajruddīn ar-Rāzī, la prohibición de la homosexualidad ha sido claramente establecida en la sunna y en las narraciones proféticas que se remontan hasta el Profeta Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

Por eso es totalmente erróneo e ilógico querer aportar argumentos con el fin de demostrar, a partir de las fantasías individuales de cada uno, que la homosexualidad está permitida en el Islam, ya sea en base a una interpretación figurada que contradice el sentido literal del texto coránico como hace el Sr. Prado, o en base a un razonamiento herético y pseudo-teológico como hace el Sr. Zamzam, el presidente de AMHO.

Dice éste para justificar la homosexualidad: “Todos hemos sido creados por Al·lāh. Si reniegas de quien eres, le estás atribuyendo un fallo a Al·lāh. Pero como Al·lāh es Perfecto en Su Creación, no puedes dejar de ser lo que eres”.

En base a este mismo razonamiento, podríamos justificar la legitimidad de todo vicio y de todo mal, porque toda imperfección en la Creación supondría una imperfección en el Creador, lo que es imposible. Así se niega por completo la existencia – incluso relativa – del mal y de la imperfección. Por lo tanto, según este argumento, no habría ni mal ni injusticia. Si uno viera injusticia y cosas malas en el mundo, estaría atribuyendo un fallo a Al·lāh, por lo que debería aceptar las cosas como son y no querer cambiarlas… ¡Glorificado sea Al·lāh por encima de lo que Le atribuyen!

Como hemos dicho, de nada sirve esgrimir argumentos – y más aún cuando son tan insustanciales – para defender una postura contraria a lo que ha sido establecido de manera unánime y evidente en el Islam.

Enunciemos ahora con el permiso de Al·lāh las otras pruebas de la prohibición de la homosexualidad en el Islam, que radican, después del Sagrado Corán, en la sunna de nuestro señor Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

Ha transmitido el Imām as-Suyūṭī estas narraciones en su tafsīr:

Ha dicho Ŷāmiʿ ibn Šaddād: “La sodomía empezó entre el pueblo de Lūṭ con las mujeres. Y después de 40 años, se extendió también a los hombres”.

Y ha dicho Ṭāwūs: “La sodomía empezó con el pueblo de Lūṭ. Los hombres empezaron a practicarla con las mujeres y luego la practicaron entre hombres”.

Y ha transmitido al-Bayhaqī que preguntaron a nuestro señor ʿAlī: “¿Puede el marido sodomizar a su mujer?”. Dijo entonces ʿAlī: “¿Acaso no has escuchado la palabra de Al·lāh: “¿Vais cometiendo la indecencia que nadie antes de vosotros ha cometido en todos los mundos?”?”.

Y cuando le preguntaron si Al·lāh había castigado a las mujeres del pueblo de Lūṭ por el pecado que cometían los varones de su ciudad, Muḥammad ibn ʿAlī dijo: “¡Al·lāh es justo! En verdad, los hombres se satisfacían con los hombres y las mujeres con las mujeres”.

Y ha transmitido al-Ḥākim una narración profética a partir de Ibn ʿAbbās autentificada (ṣaḥīḥ) por al-Bayhaqī: “Ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “¡Que Al·lāh maldiga a quien cometa la práctica del pueblo de Lūṭ!”, y lo repitió tres veces”.

Y han transmitido Aḥmad, at-Tirmiḏī, Ibn Māŷah, Ibn Abī-d-Dunyā y al-Bayhaqī en un ḥadīṯ considerado “ḥasan” (bueno) por at-Tirmiḏī: “Lo que más temo para mi comunidad es que caiga en la práctica del pueblo de Lūṭ”.

Y han transmitido Ibn ʿAdī y al-Bayhaqī a partir de Abū Hurayra que ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Cuatro personas se levantan con la Ira de Al·lāh y se acuestan con la Cólera de Al·lāh”. Le preguntaron: “¿Quiénes son?”. Y contestó: “Los hombres afeminados, las mujeres varoniles, los zoófilos y los homosexuales”.

Y han transmitido ʿAbd ar-Razzāq, Abū Dāwūd, at-Tirmiḏī, an-Nasāʾī, Ibn Māŷah, Ibn Abī-d-Dunyā, al-Ḥākim y al-Bayhaqī una narración profética a partir de Ibn ʿAbbās autentificada (ṣaḥīḥ) por al-Ḥākim en la que el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – dice: “Al que encontréis realizando la práctica del pueblo de Lūṭ, matadlo, ya sea activo o pasivo”.

Y han transmitido Ibn Abī-d-Dunyā y al-Bayhaqī que ha dicho Muŷāhid: “Si alguien que ha realizado la práctica del pueblo de Lūṭ hiciera la ablución mayor con todo el agua que hay en el cielo y en la tierra, aún estaría en estado de impureza”.

Y han transmitido al-Ḥākim y al-Bayhaqī en una narración profética a partir de Abū Hurayra autentificada (ṣaḥīḥ) por al-Ḥākim, que ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Al·lāh ha maldecido a siete seres desde lo alto de los siete cielos”. Y cada vez que mencionaba a un ser maldecido, repetía tal maldición tres veces. Dijo: “Maldito, maldito, maldito quien realiza la práctica del pueblo de Lūṭ…”.

Y ha transmitido ʿAbd ar-Razzāq a partir de ʿAʾiša: “Ésta vio triste al Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, y le preguntó: “¿Qué te entristece?”. Dijo entonces el Profeta: “Algo que temo para mi comunidad, y es que caigan en la práctica del pueblo de Lūṭ”.

Y ha transmitido Ibn Abī Šayba que ha dicho el Califa ʿUṯmān el día de la batalla del Palacio (yawm ad-dār): “Sabéis que solo se permite derramar la sangre de un musulmán en cuatro casos. Deben ser ejecutados: quien mata a alguien, quien comete la fornicación después de haber estado casado, quien apostasía y deja el Islām y quien comete la práctica del pueblo de Lūṭ”.

Y al igual que al-Ḥaytamī en su obra al-Fatāwā al-Fiqhiyya, as-Suyūṭī establece el carácter auténtico (ṣaḥīḥ) de esta última narración en su obra al-Ḥāwī, al mismo tiempo que observa que el verbo introductorio “sabéis que” implica que tanto la prohibición de la homosexualidad como la pena de muerte para quienes la practican eran ampliamente conocidas en esa época.

Y ha transmitido el Imām Ibrāhīm Niyās en su tafsīr esta narración de Ibn ʿAbbās:

Quien tenga relaciones o bese a un muchacho imberbe con placer, es como si hubiera cometido el adulterio con su propia madre setenta veces.

En resumen, son consideradas narraciones proféticas auténticas (ṣaḥīḥ):

1)    “Al·lāh ha maldecido a quien comete la práctica del pueblo de Lūṭ” (repetido tres veces). Transmitido por al-Ḥākim a partir de Ibn ʿAbbās y autentificado por al-Bayhaqī.

2)    “Maldito, maldito quien comete la práctica del pueblo de Lūṭ” (repetido tres veces). Transmitido por al-Ḥākim y al-Bayhaqī a partir de Abū Hurayra y autentificado por al-Ḥākim e Ibn al-Ŷawzī. Estas dos primeras narraciones auténticas demuestran que los homosexuales y los sodomitas incurren primero en la maldición de Al·lāh y luego en la maldición del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, lo que constituye una prueba concluyente y definitiva no solo de la prohibición de la homosexualidad en el Islam, sino también de su carácter abominable e infame.

3)    “Al que encontréis realizando la práctica del pueblo de Lūṭ, matadlo, ya sea activo o pasivo”. Transmitido por ʿAbd ar-Razzāq, Abū Dāwūd, at-Tirmiḏī, an-Nasāʾī, Ibn Māŷah, Ibn Abī-d-Dunyā, al-Ḥākim, al-Bayhaqī y aṭ-Ṭabarī a partir de Ibn ʿAbbās, autentificado por al-Ḥākim, Ibn Ḥibbān, Ibn al-Qayyim, Ibn ʿAbd al-Hādī y aṭ-Ṭabarī, y considerado bueno (ḥasan) por at-Tirmiḏī.

4)    “Un hombre no debe mirar la desnudez de otro hombre, ni una mujer la desnudez de otra mujer. Y un hombre no debe dormir con otro hombre bajo la misma manta, ni una mujer con otra mujer bajo la misma manta”. Transmitido por Muslim, Aḥmad, Abū Dāwūd, at-Tirmiḏī, Ibn Māŷah, Ibn Ḥibbān, aṭ-Ṭabarānī y al-Baġawī y autentificado por Muslim en su Ṣaḥīḥ. Además, el verbo “afḍā” traducido aquí por “dormir” tiene unas claras connotaciones sexuales puesto que este término puede remitir al tocamiento sexual y por extensión al acto sexual, como por ejemplo en la aleya 21 de la sūra 4 del Sagrado Corán.

5)      “El hombre no debe tocar al hombre y la mujer no debe tocar a la mujer”. Transmitido por Aḥmad, aṭ-Ṭabarānī, Muslim, al-Bujārī, Abū Dāwūd, at-Tirmiḏī, Aḥmad, Ibn Ḥibbān, al-Bayhaqī a partir de Ibn ʿAbbās, Ibn Masʿūd y de Abū Hurayra y autentificado por Muslim y al-Bujārī.

Y a estos ḥadīṯes, hay que añadir estas otras narraciones proféticas consideradas buenas (ḥasan):

6)      “Lo que más temo para mi comunidad es que caiga en la práctica del pueblo de Lūṭ”. Transmitido por Aḥmad, at-Tirmiḏī, Ibn Māŷah, Ibn Abī-d-Dunyā y al-Bayhaqī y considerado bueno (ḥasan) por at-Tirmiḏī.

7)      “Al·lāh no mira al hombre que toma a un hombre o a una mujer por el ano”. Transmitido por at-Tirmiḏī y considerado bueno (ḥasan) por él.

Son todas estas pruebas provenientes tanto del Sagrado Corán como de la Sunna, lo que ha llevado al conjunto de los Compañeros del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – sin excepción a condenar la homosexualidad.

Ha dicho Ibn al-Qayyim en su obra Zād al-Maʿād:

Los Compañeros han alcanzado un claro consenso en cuanto a la sanción del sodomita: la pena de muerte. Sin embargo, han discrepado en la manera de ejecutarlo.

Y también ha dicho en su obra Maṭālib ūlī-n-nuhā:

Hay consenso de todos los Compañeros del Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – sobre la pena de muerte del sodomita, sin que uno solo de ellos haya discrepado en esto. Sin embargo, ha habido cierta divergencia en la manera de aplicar esta pena.

Luego, este consenso se transmitió de los Compañeros a los Sucesores (tābiʿīn). Entre éstos, han condenado la homosexualidad: aš-Šaʿbī, Ibn al-Musayyib, Ibrāhīm, Ŷābir ibn Zayd, ʿAṭāʾ, al-Ḥasan al-Baṣrī, ʿAbd Al·lāh ibn Maʿmar, az-Zuhrī, an-Najaʿī, Muŷāhid, etc.

Y de los Sucesores, este consenso se transmitió a los Imāmes de todas las escuelas jurídicas islámicas.

Como decía al-Qurṭubī:

Los Sabios han discrepado a propósito de la sanción que debe recaer sobre quien comete tal acto, a pesar de que hay un consenso (iŷmāʿ) sobre su prohibición.

E Ibn Hubayra aš-Šaybānī ha dicho en su obra Ijtilāfu-l-Aʾimmati-l-ʿUlamāʾ:

Ha habido consenso entre los Sabios sobre la prohibición de la homosexualidad, así como sobre su carácter infame. Sin embargo, han discrepado en lo que concierne a su sanción. El Imām Mālik, el Imām Šāfiʿī y el Imām Aḥmad han establecido para ello un castigo firme y penal (ḥadd), mientras que el Imām Abū Ḥanīfa se ha decantado por un castigo discrecional y correctivo (taʿzīr).

Tres escuelas jurídicas han declarado que la sanción para la práctica del pueblo de Lūṭ es un castigo penal (ḥadd), a saber la muerte, porque equiparan la sodomía (liwāṭ) con la fornicación (zinā): los Mālikīs, los Šāfiʿīs y los Ḥanbalīs. En cuanto a los Ḥanafīs – así como los Ẓāhirīs –, han establecido un castigo correctivo (taʿzīr).

Ha dicho por ejemplo Ibn Ḥazm, uno de los mayores representantes de la escuela ẓāhirī, en su obra al-Muḥal·lā:

La práctica del pueblo de Lūṭ constituye uno de los pecados mayores (kabāʾir) y una abominación tajantemente prohibida (muḥarrama) como comer cerdo, consumir el cadáver de un animal muerto que no ha sido sacrificado, ingerir sangre, beber alcohol, fornicar y todos los otros actos de desobediencia. Quien considere lícito tal acto o algún otro de los que acabamos de mencionar, es un infiel (kāfir) y un asociador (mušrik) cuya sangre y bienes están permitidos.

En todo caso, queda claro que hay un consenso obvio, evidente y manifiesto en lo que concierne a la prohibición de la homosexualidad en el Islam.

No es por nada si todos los Sabios han establecido el carácter prohibido, ilícito e ilegítimo de la homosexualidad, y ello desde la época del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – hasta nuestros días.

A pesar de estas evidencias, cierta gente pretende que no hay ningún consenso en el Islam a propósito de la prohibición de la homosexualidad, negando así las palabras citadas de Al·lāh: “Ciertamente os ha explicado claramente lo que os ha prohibido” (Cor 6:119) y de Su Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Ciertamente lo lícito es obvio y lo ilícito es obvio”.

Y añaden que “personas de conocimiento” han defendido la licitud y la legitimidad de la homosexualidad en el Islam. Nos gustaría que se citara una sola de estas personas.

Si con ellas uno se refiere a gente como el Sr. Prado, que se nos permita recalcar que éste no puede ser considerado como una “persona de conocimiento”.

Como prueba de ello, recordemos que en su estudio sobre la homosexualidad, el Sr. Prado justifica la licitud de la homosexualidad en el Islam presentando cuatro argumentos:

1)      El Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – no condenó a un afeminado (mujannaṯ) que visitaba a sus benditas mujeres, las madres de todos los creyentes.

2)      Las fuentes judías y rabínicas describen el pecado del pueblo de Lūṭ como siendo la promiscuidad.

3)      La condena del Sagrado Corán remite a la promiscuidad sexual y no a la homosexualidad.

4)      La historia demuestra que la homosexualidad era un hecho bastante difundido en todo el mundo islámico.

A esto podemos contestar:

1)      Un mujannaṯ no es un homosexual, sino simplemente según el significado literal de esta palabra, un hombre afeminado o una mujer varonil que en muchos casos no siente deseo hacia el sexo opuesto, ya sea por razones físicas (hermafroditismo) o psicológicas. Identificar el mujannaṯ con un homosexual es una extrapolación y un abuso de lenguaje. Del mismo modo, el Sr. Prado asimila el “ʿaqīm” con el homosexual, cuando en realidad este término significa simplemente “estéril” o “impotente”.

2)      Las fuentes judías carecen de toda importancia en la tradición islámica. Además, resulta extraordinario que el Sr. Prado, pretendiéndose musulmán, niegue y rechace el conjunto de la tradición islámica, pero se apoye en la tradición judía para justificar su interpretación.

3)      Hemos visto que la interpretación fantasiosa del Sr. Prado no tiene ninguna base y contraviene al significado literal de las aleyas del Sagrado Corán.

4)      Lo que hayan hecho ciertos musulmanes, ya sean pocos o numerosos, no se considera fuente de derecho en el Islam. Lo que realmente importa en este ámbito, es lo que han dicho Al·lāh en el Sagrado Corán y Su Profeta Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! Los musulmanes han asesinado, mentido, sobornado, robado, fornicado, traicionado, violado, etc., hasta el punto de que la corrupción y el crimen se han difundido por todo el mundo islámico. Pero no por ello consideramos estas abominaciones como lícitas y legítimas en el marco del Islam. Además, el hecho de que la homosexualidad se haya difundido en el mundo islámico corrobora las palabras del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé la paz! – y por lo tanto también su condena: “Lo que más temo para mi comunidad es que caiga en la práctica del pueblo de Lūṭ”. Y ha dicho igualmente el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Seguiréis palmo a palmo y codo a codo el mismo camino que los que os han precedido, hasta el punto de que los seguirías incluso si entraran en la guarida de un lagarto”. Le preguntaron entonces los Compañeros: “¿Te refieres a los Judíos y a los Cristianos?”. Y contestó: “¿A quién sino?” (transmitido por al-Bujārī en su Ṣaḥīḥ). Y en otra versión transmitida por al-Ḥākim, añade: “Si ellos copularan con sus mujeres en plena calle, también lo haríais”. Y en otra versión transmitida por at-Tirmiḏī, añade: “Si ellos copularan con sus propias madres en público, también aparecería gente en mi comunidad haciéndolo”. Cabe señalar que este ḥadīṯ remite sobre todo a la corrupción moral, la cual se está extendiendo actualmente por todo el mundo a partir de la llamada “civilización judeocristiana”. Como otras tantas ideologías falsas y huecas extrañas al Islam, tal el feminismo, los derechos humanos, la libertad y la democracia, el movimiento pro-homosexualidad se ha difundido ampliamente a golpe de conferencias, seminarios y libros, partiendo de esta “civilización judeocristiana” para extenderse como una plaga por el resto del mundo. Ésta es la realización de la profecía del Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – y la confirmación de su temor en lo que respecta a su comunidad. Por último, pretender que la homosexualidad solo fue prohibida en el Islam a partir de la época colonial, como sugieren algunos, es de una ignorancia manifiesta. Es conocido que cuatro Califas rectos aplicaron la pena capital a homosexuales: Abū Bakr aṣ-Ṣiddīq, ʿAlī ibn Abī Ṭālib, ʿAbd Al·lāh ibn az-Zubayr y Hišām ibn ʿAbd al-Malik. Y también se sabe que ʿUmar ibn al-Jaṭṭāb condenó al ostracismo a un joven homosexual de la tribu de Qurayš. Y lo que hayan hecho musulmanes corruptos después de esta época descuidando aplicar la Ley de Al·lāh no es de nuestra incumbencia.

A esta refutación directa, podemos añadir otro argumento importante. Y es que al aceptar la licitud de la homosexualidad, nada impide aceptar igualmente la licitud de la zoofilia, del incesto y de las otras perversiones sexuales.

Si la verdadera razón por la que se quiere aprobar la homosexualidad radica solamente en cierta comprensión ideologizada de los derechos humanos, es decir en el derecho que tendría todo individuo de vivir libremente su sexualidad con otra persona adulta de manera consentida, nada impide que se utilice este mismo argumento para justificar el incesto entre un hermano y una hermana que consienten libre y voluntariamente a entregarse el uno al otro.

Y si para justificar la homosexualidad, se han inventado interpretaciones que contradicen abiertamente el significado literal del texto coránico, ¿qué impide que se inventen unas interpretaciones permisivas de los textos que prohíben el matrimonio entre hermanos? ¿Qué otra cosa puede ocurrir cuando se niega toda interpretación normativa del Sagrado Corán?

Por muy extraordinario que parezca, estos “pensadores” afirman que nadie posee la verdad absoluta salvo Al·lāh y que quien pretenda erigirse como poseedor de tal verdad estaría incitando al širk, porque de su iŷtihād haría una verdad irrefutable comparable a la que emana de Al·lāh.

Que se nos permita manifestar nuestra sorpresa ante utilización tan inadecuada del término iŷtihād, y más aún cuando es usado en un razonamiento tan incoherente.

En primer lugar, solo hay iŷtihād cuando se quiere emitir un juicio legal (ḥukm) en ausencia de un texto legislativo claro (naṣṣ). En otras palabras, el concepto de iŷtihād no remite a la interpretación de un texto, sino al esfuerzo interpretativo que debe hacer un Sabio para extraer un juicio legal a partir de los textos legales, que son únicamente el Sagrado Corán y el Ḥadīṯ, cuando éstos no legislan claramente sobre una cuestión en particular.

Y hemos visto que los textos legislativos sobre la prohibición de la homosexualidad son claros y numerosos. Provienen tanto del Sagrado Corán como de la Sunna y su significado literal es tan evidente que se impone por sí mismo sin necesidad alguna de interpretación.

En segundo lugar, la proposición “nadie posee la verdad absoluta salvo Al·lāh” enunciada por un ser humano es contradictoria, porque al decirla, uno pretende estar en posesión de una verdad absoluta e irrefutable que no obstante solo atribuye a Al·lāh. Por lo tanto, quien diga una frase como esta, sí estará incitando al širk.

Quien tenga un mínimo de conocimientos en epistemología y metafísica, sabrá que éste es el eterno problema del relativismo. Quien niegue la verdad objetiva o la declare inaccesible, no podrá sino caer en una contradicción insoluble.

Lo que sorprende es que gente que se pretende musulmana quiera imponer en el Islam este discurso post-modernista negando la existencia de una verdad objetiva en nombre de la tolerancia y de la diversidad.

En cuanto a nosotros, nos remitimos a la palabra del Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Ciertamente lo lícito es obvio y lo ilícito es obvio”.

Y quien rechace pronunciarse sobre el carácter lícito o ilícito de un acto cuya prohibición ha sido establecida con tal claridad y amplitud que pertenece a la categoría de lo que necesariamente debe ser conocido de la religión, no podrá ser considerado plenamente como musulmán, aunque tampoco se podrá negar su Islam.

Otros “pensadores”, llevando la confusión hasta límites insospechados, establecen una distinción entre condición homosexual y práctica homosexual. Pretendiendo que no saben si el Islam condena la práctica homosexual, afirman que en todo caso éste no condena la condición homosexual, es decir la relación homosexual amorosa y sentimental, tanto ésta no se traduce por una práctica. Por lo tanto, los homosexuales deberían asumir sus sentimientos sin querer reprimirlos.

Para apoyar esta visión, declaran que el concepto mismo de homosexualidad es un producto de la mentalidad occidental puritana del siglo XIX que se trasvasó al mundo islámico durante la colonización. Según ellos, el Islam habla de “liwāṭ”, que es literalmente la sodomía, la cual puede ser practicada tanto sobre un hombre como sobre una mujer. Por tanto, la prohibición del “liwāṭ” (sodomía) no implicaría la prohibición de la homosexualidad.

A esto podemos responder en primer lugar que el Islam condena de manera clara, evidente y explícita la práctica homosexual entendida como sodomía.

En segundo lugar y por vía de consecuencia, la condición homosexual también queda prohibida en base al principio de que todo lo que lleva a lo prohibido está prohibido (kul·lu mā adā ilā-l-ḥarām fa-huwa ḥarām).

Por eso el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – condenó y maldijo a todos cuantos participan en el consumo de alcohol, desde su fabricación hasta su transporte pasando por su venta, así como a todos cuantos participan en la usura, desde el acreedor hasta el deudor pasando por los testigos, y a todos cuantos participan en un asesinato. Por eso también todo lo que puede llevar a la fornicación está prohibido, como estar a solas con una mujer extraña (aŷnabiyya), tocarla, mirarla y escucharla.

En base a este principio, todo lo que puede llevar a realizar el coito con una persona del mismo sexo, también está prohibido. Ha dicho el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Un hombre no debe mirar la desnudez de otro hombre, ni una mujer la desnudez de otra mujer. Y un hombre no debe dormir con otro hombre bajo la misma manta, ni una mujer con otra mujer bajo la misma manta” (transmitido por Muslim en su Ṣaḥīḥ).

Leemos en el comentario del Imām an-Nawawī a esta narración profética:

Sobre los juicios derivados de este ḥadīṯ, hay que señalar en primer lugar la prohibición para el hombre de mirar hacia la desnudez de otro hombre y la prohibición para la mujer de mirar hacia la desnudez de otra mujer. Y no hay discrepancia sobre ello, del mismo modo en que hay un consenso sobre la prohibición para el hombre de mirar hacia la desnudez de una mujer y sobre la prohibición para la mujer de mirar hacia la desnudez de un hombre.

El Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – ha recordado la prohibición para el hombre de mirar hacia la desnudez de otro hombre antes que la prohibición para el hombre de mirar hacia la desnudez de una mujer porque la primera prohibición es más prioritaria y fuerte que la segunda.

[…] Lo que debe ser considerado desnudez entre hombres es lo que va del ombligo hasta las rodillas e igualmente en lo que respecta a la desnudez entre mujeres.

[…] Asimismo, le está prohibido al hombre mirar hacia la cara de un muchacho con bella fisionomía, ya sea con o sin deseo, ya sea con o sin temor de caer bajo su atracción. Éste es el juicio correcto, el que escogen los Sabios, el que ha transmitido aš-Šāfiʿī y sus compañeros más competentes – ¡que Al·lāh el Altísimo los tenga a todos en Su Misericordia!

La razón de ello es que el bello imberbe puede ser deseado como la mujer. Su belleza es como la belleza de la mujer y es incluso más bello que muchas mujeres. Pero la razón por la que la prohibición de mirar hacia una persona del mismo sexo es más fuerte que la prohibición de mirar hacia una persona de otro sexo radica en otra cosa. Y es que con un muchacho, se alcanza un grado en el camino del mal que no se alcanza con las mujeres. Y Al·lāh es más sabio.

[…] En cuanto a la prohibición para el hombre de dormir con otro hombre y a la prohibición para la mujer de dormir con otra mujer, se trata de una prohibición tajante cuando no hay entre ellos nada que los separe. Y aquí radica la prueba de que está prohibido todo tocamiento de la desnudez de otra persona, sea por donde sea. Hay un amplio acuerdo al respecto. Esta es una de las cosas que atrae las calamidades.

En base a este ḥadīṯ, los Sabios han extendido la prohibición de la sodomía a la homosexualidad entendida como condición sexual. Y de “liwāṭ” se pasó al término “lūṭī”, que remite a la persona de condición homosexual y no solo a la persona que practica la sodomía.

Ha dicho el Imām Sufyān aṯ-Ṯawrī:

Si un hombre juega (ʿabaṯa) con lo que tiene un muchacho entre las piernas animado por un deseo sexual (šahwa), habrá caído en la sodomía (liwāṭ).

Con el verbo “ʿabaṯa” se refiere aquí a los juegos eróticos y a los preliminares y no al coito o penetración, lo que demuestra también que el término “lūṭī” remite al homosexual en el sentido más general, comprendiendo tanto al que tiene sentimientos homosexuales, como al que se entrega al tocamiento sexual, como al que comete la infamia mayor, es decir la sodomía.

Y ha dicho Abū Saʿīd aṣ-Ṣaʿlūkī en una sentencia ampliamente transmitida, entre otros por Ibn Abī-d-Dunyā, al-Ġazālī y aḏ-Ḏahabī:

Esta comunidad verá aparecer en su seno a gente que será llamada homosexual (lūṭiyūn) y que será clasificada en tres categorías según caigan en la homosexualidad por la mirada, por el tocamiento o por el coito.

Y comenta Ibn al-Ḥāŷŷ en su obra al-Madjal:

Los homosexuales se dividen en tres grupos clasificados según un orden de gravedad:

1) Aquellos cuyo placer sexual se limita a la mirada. Mirar a un imberbe con un deseo sexual está prohibido por consenso (iŷmāʿ), aunque ciertos Sabios lo prohíben incluso cuando se mira sin deseo.

2) Aquellos cuyo placer sexual se limita a los juegos eróticos, a la intimidad, a los besos, al tocamiento y a todos los actos eróticos excluida la indecencia mayor que radica en la penetración anal.

3) Aquellos que cometen la gran ignominia y abominación (penetración anal).

Que se nos permita recalcar que esta clasificación no debe hacer pensar que la mirada y el tocamiento son menos abominables que la penetración, ya que quien se entrega a las dos primeras categorías, acaba cometiendo tal acto abominable.

De hecho, se dice que los pecados menores que se cometen sobre una base regular ya no son considerados menores, sino pecados mayores porque irremediablemente llevan a éstos. Y el juicio a este respecto es bien conocido entre los Sabios.

Todos estos comentarios son anteriores de varios siglos al período colonial, por lo que podemos decir que el concepto de homosexualidad entendido como condición sexual o tendencia sexual no es extraño al Islam y no ha sido importado a partir de la mentalidad puritana occidental.

Además, queda claro por los comentarios que hemos aportado, como el del Imām Fajruddīn ar-Rāzī, que la condena y prohibición de la homosexualidad tiene una base moral y que esta conducta es considerada en el Islam como una tendencia contra natura desde hace más de mil años, es decir desde la época del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – hasta nuestros días de manera continua e ininterrumpida.

En efecto, tanto el Imām Fajruddīn ar-Rāzī como el Imām al-Ġazālī en su obra Iḥyāʾ ʿulūmi-d-dīn justifican la prohibición de la homosexualidad a partir de la necesidad que tiene la especie humana de reproducirse.

Incluso en el siglo IV de la Hégira (siglo X cristiano), el gran sabio Muḥamad ibn al-Ḥusayn al-Aŷurrī (m. 360/970) escribió un tratado específico sobre la cuestión. Esta obra intitulada Condena de la homosexualidad (ḏammu-l-liwāṭ) recuerda a los musulmanes la prohibición expresa de la homosexualidad y advierte de los peligros y castigos que acechan a quienes cometen tal infamia.

Dice Muḥammad ibn al-Ḥusayn al-Aŷurrī:

Ésta es una amonestación de mi parte dirigida a mis hermanos, los musulmanes. Con este libro quiero mostrar la prohibición de una conducta vil, sucia e infame que ha hecho caer a la gente que la practica en el colmo de la humillación y de la abyección haciéndoles sufrir terribles castigos en esta vida y en la otra cuando no se arrepienten. Nos referimos al acto prohibido, al proceder de la gente de Lūṭ, es decir a la relación sexual entre hombres.

Ciertamente vuestro Señor Generoso os ha informado de la práctica del pueblo de Lūṭ, así como del carácter infame de la sodomía. Lūṭ – ¡con él sea la paz! – prohibió a su pueblo esta práctica y les advirtió de que ésta suscita la ira implacable de Al·lāh – ¡Exaltado y magnificado sea! Y cuando transgredieron esta prohibición y se deleitaron con aquello que Al·lāh les prohibió, a saber las relaciones sexuales entre hombres, Al·lāh los aniquiló mediante un aniquilamiento total y los castigó mediante el peor castigo.

[…] ¡Oh musulmanes! Ciertamente Al·lāh – ¡Bendito y enaltecido sea! – os ha contado el relato del pueblo de Lūṭ en Su Libro en más de una sūra del Sagrado Corán.

[…] ¡Oh musulmanes! Reflexionad sobre estas palabras. ¿Por qué Al·lāh – ¡Exaltado y enaltecido sea! – os ha contado la historia del pueblo de Lūṭ y de sus prácticas inmorales que consistían en tener relaciones sexuales entre hombres y no con las mujeres que les habían sido permitidas por el matrimonio y la esclavitud?

[…] Meditad sobre ello. ¡Que Al·lāh os haga misericordia! Y tened por seguro que Al·lāh os está previniendo de ser como el pueblo de Lūṭ. ¿Acaso no habéis prestado atención a Su Palabra: “Y ciertamente hay en ello un signo para los creyentes” (Cor 15:77)? Meditad sobre ello, ¡oh creyentes!, y sabed que vuestro Señor Generoso os ha prevenido contra el acto del pueblo de Lūṭ y os ha informado de que el castigo del pueblo de Lūṭ es un signo para vosotros. ¡Vigilad pues con la práctica del pueblo de Lūṭ! ¡Que Al·lāh os haga misericordia!

[…] Temed a Al·lāh, ¡oh musulmanes! ¡Oh gente de la oración, de la limosna ritual y del ayuno! ¡Oh peregrinos de la Casa Sagrada de Al·lāh! ¡Oh vosotros a quien Al·lāh ha encomendado ordenar el bien y prohibir el mal! ¡Vigilad con la práctica del pueblo de Lūṭ! Aceptad aquello que Al·lāh el Generoso os ha aconsejado y así triunfaréis. Preservad vuestros genitales de toda relación salvo con vuestras mujeres y esclavas, ya que ha dicho Al·lāh hablando de los creyentes:

Aquellos que preservan sus genitales de toda relación salvo con sus mujeres y esclavas, puesto que no se les puede reprochar nada en ello. Y quien vaya más allá de esto… Esos son los transgresores (Cor 23:5-7)

[…] Temed a Al·lāh, ¡oh musulmanes! Y no transgredáis los límites establecidos para vuestros genitales. No vayáis a caer en aquello que no se os ha hecho lícito. Sabed que el  castigo para quien realiza la práctica del pueblo de Lūṭ es la maldición de Al·lāh – ¡Exaltado y magnificado sea! – y la maldición del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, a lo que se añaden las penas y la humillación de esta vida y el castigo supremo en la otra vida si uno no se arrepiente.

[…] En caso de conocer a alguien así, debes evitar frecuentarlo, ya sea de manera ocasional o asidua. Si se trata de alguien de tu familia o de la vecindad, debes aconsejarle e informarle de la indecencia que está cometiendo. Y si no acepta tus consejos, evítalo y no le saludes. Pero si se pone enfermo y debes visitarlo, ves a verlo y aconséjale. Dile que si no se arrepiente ante Al·lāh – ¡Exaltado y magnificado sea! – y no deja la abominación que está cometiendo, no volverás a visitarle durante su enfermedad, que no le saludarás, que lo evitarás, que advertirás a los otros musulmanes sobre su inmoralidad y que les prohibirás su compañía. Todo ello con la intención de que se arrepienta con el permiso de Al·lāh.

[…] Ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – en un ḥadīṯ transmitido por Abū Hurayra: “Un hombre no debe tocar a otro hombre y una mujer no debe tocar a otra mujer”. Si el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – ha prohibido los tocamientos entre hombres y ha prohibido que un hombre mire hacia otro, ¿qué decir entonces de la práctica del pueblo de Lūṭ [es decir del coito entre hombres]?

[…] El homosexual (lūṭī) que debe ser condenado a muerte por lapidación es el que practica el sexo anal con un muchacho u otro hombre.

Sin embargo, el que practica el sexo con una persona del mismo sexo pero no llega a la penetración anal, deberá ser castigado duramente por el Imām por inmoralidad. Si los dos son adultos, se los encarcela. Si uno de ellos es mayor de edad pero el otro no, se impone al adulto un duro castigo corporal. No se reza detrás de él, no se acepta su testimonio y no se le confía un depósito. Tampoco se le frecuenta, ni se le saluda, y ello hasta que se arrepienta. En cuanto al menor de edad, se le reprimenda fuertemente, aunque algunos han dicho que esto no está permitido. Pero si el menor de edad es ya un adolescente, el Imām debe castigarlo y amenazarlo con un terrible castigo si vuelve a caer en esta condición. También debe prohibirle tajantemente la compañía de aquellos pervertidos que tienen tendencias hacia los muchachos y desean tocarlos. El Imām debe prohibir a los muchachos el tener la misma apariencia que estos pervertidos. Los muchachos no deben frecuentar a quienes se les ha indicado que abusan de los jóvenes. Los padres también deben prohibir a sus hijos que tomen las apariencias de estos pervertidos y que los frecuenten. Y los hombres deben tener cuidado con los jóvenes imberbes, temiendo por su religión.

También el gran sabio Ibn al-Ŷawzī (m. 597/1201) escribió en el siglo VI de la Hégira un tratado intitulado Condena de las pasiones (ḏammu-l-hawā), en el que dedica tres capítulos a la homosexualidad (capítulos 26-27-28):

1)      “Advertencia contra la práctica del pueblo de Lūṭ” con una sección que equipara la homosexualidad masculina con la homosexualidad femenina intitulada “La mujer con la mujer como el hombre con el hombre”.

2)      “Del castigo del homosexual (lūṭī) en esta vida” con una sección que recuerda lo que se ha transmitido a propósito de Abū Bakr aṣ-Ṣiddīq y otros Compañeros y otra sección sobre lo que han dicho los Sucesores (tābiʿīn) y otros sobre esta cuestión;

3)      “Del castigo del homosexual (lūṭī) en la otra vida”.

Así pues, la condena del Islam es general y encierra tanto las prácticas sexuales como el sentimiento amoroso hacia personas del mismo sexo.

Por lo demás, ¿qué sentido tendría decir que se permite la relación amorosa y sentimental, cuando es evidente que la práctica ha sido prohibida? ¿No es el mejor modo de hacer que la gente acabe cayendo en lo ḥarām?

En verdad, el Islam insta a reprimir estos sentimientos, pidiendo la ayuda de Al·lāh, recitando el Sagrado Corán, rezando, haciendo ḏikr, solicitando Su perdón y Su guía, visitando a gente piadosa, rememorándose las historias de los Profetas y las consecuencias negativas de la desobediencia a Al·lāh.

Cada uno ha sido probado en cosas íntimas y personales. Pero no podemos hacer lo que nos place. El Islam consiste en abandonar sus pasiones propias para someterse a la Voluntad del Creador Todopoderoso con el conocimiento de que en esta actitud radica todo el bien de esta vida y de la otra.

En conclusión, después de todo lo que venimos diciendo, resulta evidente que frases del Sr. Prado como “Ni el Corán ni la Sunna condenan la homosexualidad” son una falsedad pura y simple con la que se destruye por completo la tradición islámica.

El Sr. Prado pretende seguir solo el Corán y la Sunna, sin saber árabe, sin tener conocimientos de ḥadīṯ, ni de uṣūl, ni de fiqh, sin tener en cuenta el consenso (iŷmāʿ) de los Sabios musulmanes, sin tener un Maestro de Šarīʿa ni de Ṭarīqa, sin poseer criterio alguno para determinar el origen de las inspiraciones y sugestiones que recibe, etc.

Lo que podemos decir entonces es que tal persona no sigue ni el Corán ni la Sunna, porque:

1)      Comenta el Sagrado Corán de una manera fantasiosa que contraviene al sentido literal y ello en base a una interpretación fundada en la opinión personal y la ignorancia. Sin embargo, ha dicho el Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Quien explique el Corán según su opinión personal, será considerado como alguien que se ha equivocado en su interpretación, aunque luego su interpretación se revele correcta” (transmitido por al-Bujārī en su Ṣaḥīḥ), y en otra versión: “Quien explique el Corán sin conocimiento, que prepare su asiento en el Fuego del Infierno”.

2)      No tiene en cuenta el consenso de los Sabios, a pesar de que el Sagrado Corán y la noble Sunna del Profeta Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –establecen la legitimidad y la veracidad del consenso y de la tradición, así como la obligación de seguirlos por su carácter vinculante. Dice Al·lāh en el Sagrado Corán: “Vosotros que creéis, obedeced a Al·lāh, obedeced al Mensajero y a aquellos de vosotros que tengan autoridad” (Cor 4:59). Según Ibn ʿAbbās, los que tienen autoridad son los Sabios. Y también ha dicho Al·lāh: “Y quien se oponga al Mensajero después de haberle sido aclarada la guía y siga otro camino que el de los creyentes, lo dejaremos con lo que ha elegido y lo arrojaremos al Infierno. ¡Y qué mal fin!” (Cor 4:115). Aquí el camino de los creyentes remite, según aš-Šāfiʿī, a la opinión mayoritaria y consensuada de los Sabios musulmanes. Cabe señalar además que en esta última aleya, Al·lāh describe el peligro de seguir otro camino que el del consenso, indicando que la sanción para tal actitud es el Fuego del Infierno. Y ha dicho el Profeta Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!: “Mi comunidad no puede ponerse de acuerdo sobre un error”, narración auténtica (ṣaḥīḥ) transmitida por aṭ-Ṭabarānī a partir de Ibn ʿUmar a través de dos cadenas de transmisión, de las que una está compuesta por narradores dignos de confianza (ṯiqāt), tal y como ha sido mencionado por al-Ḥaytamī en su Maŷmaʿu-z-Zawāʾid. Y aparte del iŷmāʿ en su sentido jurídico y vinculante, cabe recordar igualmente la importancia de seguir la opinión mayoritaria, tal y como ha sido mencionado en estos ḥadīṯes: “La mano de Al·lāh está con la comunidad (ŷamāʿa)” (considerado ḥasan y transmitido por at-Tirmiḏī), “La mano de Al·lāh está con la comunidad, seguid pues al grupo mayoritario (as-sawād al-aʿẓam) ya que quien discrepa va hacia el Fuego” (transmitido por al-Ḥākim y aṭ-Ṭabarī), “Quien se separe de la comunidad ni siquiera de un palmo morirá de la muerte de la Ŷāhiliyya” (transmitido por Muslim e Ibn Abī Šayba) y en un ḥadīṯ transmitido por aṭ-Ṭabarānī y al-Ḥaytamī sobre las 73 sectas, el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – responde cuando le preguntan cuál es el grupo salvado: “El grupo mayoritario (as-sawād al-aʿẓam)”.

¿Qué decir entonces de quien rechaza seguir el consenso y la tradición? ¿Qué le espera al que vende el conocimiento por la ignorancia a sabiendas? ¿Qué retribución para el que se esfuerza por difundir y legitimar actos que suscitan la cólera de Al·lāh y la tristeza del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –?

Quien tenga un átomo de amor hacia el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – no podrá legitimar y apoyar aquello que más temía el Profeta para su comunidad y aquello que más tristeza le causaba.

Dice Al·lāh en el Sagrado Corán:

Los que ofenden a Al·lāh y a Su Mensajero, Al·lāh los maldecirá en esta vida y en la otra. Ha preparado para ellos un castigo infame (Cor 33:57)

¡Que Al·lāh los guíe y nos proteja contra todos los individuos que quieren sacrificar el Islam sobre el altar de sus egos y de sus pasiones!

PDF: https://hispanotiyanis.files.wordpress.com/2012/04/de-la-prohibicic3b3n-de-la-homosexualidad-en-el-islam.pdf

De la superioridad de la Noche del Mawlid sobre la Noche del Destino

En el Nombre de Al·lāh, el Misericordioso, el Compasivo

¡Alabado sea Al·lāh, el Señor de los Mundos! Atestiguo que no hay deidad sino Dios, Único, sin asociado. Y atestiguo que Muḥammad es el siervo, el Profeta y el Mensajero de Al·lāh. ¡Que Al·lāh lo bendiga y le dé paz a él, a su Familia y a sus Compañeros!

Ha relatado Abū-l-ʿAbbās Yayḥā al-Wanšarīsī al-Mālikī – ¡que Al·lāh lo tenga en Su Misericordia! – en su obra al-Miʿyār que el Šayj Abū ʿAbd Al·lāh Muḥammad ibn Muḥammad ibn Aḥmad ibn Marzūq – ¡que Al·lāh lo tenga en Su Misericordia! – ha demostrado que la Noche del Mawlid es mejor que la Noche de la Predestinación en 20 aspectos.

Aquí resumimos estas razones:

1)      La  nobleza de una cosa radica en su elevación y la elevación depende a su vez de aquello que va asociado con ella. La nobleza de cada noche depende de la nobleza de lo que hay en ella. La Noche de Mawlid ha sido ennoblecida por el nacimiento de la mejor criatura de Al·lāh – ¡Exaltado sea! Así queda demostrada la superioridad de la Noche del Mawlid sobre cualquier otra noche.

2)      La Noche del Mawlid es la Noche en que apareció el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, mientras que la Noche del Destino le fue dada a él. Y la Noche determinada por la aparición del que posee toda nobleza es mejor que la Noche ennoblecida por ser dada a quien posee toda nobleza. Por ello, la Noche del Mawlid es mejor que la Noche del Destino.

3)      La Noche del Mawlid ha sido ennoblecida por las incontables e innumerables bendiciones de quien posee toda nobleza en modo absoluto. Sin embargo, las bendiciones de la Noche del Destino solo constituyen una parte de estas bendiciones.

4)      Las consecuencias de la Noche del Destino solo se notan durante un año, mientras que las de la Noche del Mawlid se manifiestan a lo largo de todo el año, a cada instante, por la bendición constante del Señor de la Existencia. Y ello hasta el final de los tiempos.

5)      La Noche del Destino ha sido particularizada con el descenso de los Ángeles. Pero la Noche del Mawlid ha sido ennoblecida por la aparición del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! Y los Hijos de Ādam son superiores a los Ángeles en nobleza, y más aún en lo que respecta al Mensajero de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

6)      Tanto en la Noche del Destino como en la Noche del Mawlid, descienden los Ángeles, pero además en la Noche del Mawlid se añade la aparición de la mejor criatura de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

7)      La Noche del Destino ha sido ennoblecida por el descenso de los Ángeles, pero la Noche del Mawlid ha sido ennoblecida por la aparición y el paso a la existencia corpórea del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! Y el paso a la existencia es mejor que el descenso de algo que ya existía.

8)      Quien practique adoraciones en la Noche del Destino, habrá obtenido la misma recompensa que el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – obtenía en esa noche. Pero nadie podrá alcanzar la recompensa de la Noche del Mawlid, porque eso equivaldría a ser el Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

9)      La Noche del Destino ha sido dada a la comunidad del Profeta Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! Sin embargo, la Noche del Mawlid ha sido ennoblecida por la aparición del Profeta de la comunidad que ha recibido la Noche del Destino.

10)  La excelencia de la Noche del Destino solo vale para la comunidad muḥammadiana. Pero la excelencia de la Noche del Mawlid es universal, porque en ella ha nacido quien ha sido enviado como una Misericordia para todos los mundos – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

11)  La Noche del Mawlid es llamada la Noche del nacimiento de Muḥammad – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, lo que constituye una asignación de propiedad, mientras que en la expresión “Noche del Destino” solo encontramos un complemento de nombre.

12)  La Noche del Destino solo es beneficiosa para quien realiza adoraciones en ella, pero la Noche del Mawlid trae beneficios incluso a aquellos que no realizan adoraciones en ella.

13)   Los beneficios de la Noche del Destino no permanecen como los beneficios de la Noche del Mawlid.

14)  La Noche del Mawlid constituye el mejor tiempo porque ha sido particularizada con el nacimiento de la mejor criatura.

15)  La Noche del Destino es un episodio en la vida del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! –, pero la Noche del Mawlid es el origen de la vida del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

16)  La Noche del Mawlid encierra todas bendiciones, luces e influjos que han llevado a la manifestación de la mejor criatura de Al·lāh – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz!

17)  La Noche del Mawlid es la noche en que Al·lāh ha manifestado la Guía universal con la que ha acabado con la incredulidad, la perdición y el error, trayendo fe, rectitud y felicidad.

18)  Si la Noche del Destino fuera superior a la Noche del Mawlid, esto significaría o bien que los Ángeles son superiores a los Profetas o bien que son iguales en excelencia. Pero ambas afirmaciones son falsas.

19)  El momento del nacimiento del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! – es el mejor tiempo. Por tanto la Noche del Mawlid es mejor que la Noche del Destino.

20)  No hay ningún momento mejor que el del nacimiento del Profeta – ¡que Al·lāh lo bendiga y le dé paz! Por tanto, la Noche del Mawlid es mejor que la Nochde del Destino.