Soteriología islámica 

Regenbogenbruecke

En el Nombre de Allāh, el Misericordioso, el Compasivo. ¡Que Allāh bendiga a su Profeta Muḥammad, así como a su Familia y a sus Compañeros!

Es recurrente entre los conversos musulmanes preguntarse por el devenir póstumo de sus familiares que no se han convertido al Islam. ¿Están todos ellos sufriendo los castigos de la vida intermedia? ¿Serán enviados al Fuego del Infierno luego del Día de la Resurrección? Estas interrogaciones tienen evidentes consecuencias sobre la manera en que uno vive su fe y su relación con Allāh. ¿Puede Allāh castigar a gente que no ha sabido del Islam? ¿Todos los no-musulmanes son infieles (kuffār)? ¿Cuáles son las consecuencias del no ser musulmán?

Antes de responder directamente a estas preguntas, es necesario establecer una distinción entre dos puntos de vista, uno exterior (ẓāhir) y otro interior (bāṭin). Desde un punto de vista exterior, la fe solo puede ser constatada a través de unos criterios objetivos y tangibles, como la pronunciación de la šahāda. Así pues, desde un punto de vista exterior, que es el de la Šarīʿa, solo es musulmán aquél que ha pronunciado la šahāda; y no podrá sera considerado como tal aquél que no la ha pronunciado. Es menester aferrarse a este punto de vista, porque la vida social se fundamenta en aquello que es observable, y de esto depende una serie de juicios legales, de modo que el no-musulmán no podrá casarse con una mujer musulmana, ni recibir la zakāt al-fiṭr, ni entrar en la Mezquita Sagrada de la Meca, etc. Pero, ¿significa esto que está necesaria e irremediablemente condenado al Fuego del Infierno por toda eternidad?

Antes de contestar a esta pregunta, debemos introducir otra distinción, según tal persona esté aún con vida o ya muerta. Si aún está con vida, puede perfectamente que acabe haciéndose musulmán. Del mismo modo que el que hoy es musulmán, puede acabar su vida como infiel, el infiel puede acabar su vida como musulmán, según el ḥadīṯ transmitido por Buẖārī y Muslim:

Por Dios fuera de Quien no hay Dios, puede que uno no pare de realizar los actos de la Gente del Paraíso hasta que no queda entre él y el Paraíso más que la distancia de un codo. Pero entonces se le adelanta el Libro del Destino y él se pone a realizar los actos dignos de la Gente del Infierno, lo que finalmente lo conduce al Infierno. E inversamente, puede que uno no pare de realizar los actos de la Gente del Infierno hasta que no queda entre él y el Infierno más que la distancia de un codo. Pero entonces se le adelanta el Libro del Destino y él se pone a realizar los actos dignos de la Gente del Paraíso, lo que finalmente lo conduce al Paraíso.

Por ello conviene tener una buena relación con todo ser humano, porque no sabemos a qué categoría pertenece — ello sin mencionar evidentemente el respeto necesario que debe inspirar la simple dignidad de ser humano. Desgraciadamente, resulta común ver a ciertos musulmanes algo toscos, cegados por su orgullo e ignorancia, denigrar a los no-musulmanes, so pretexto de que son inferiores, y ello a pesar de que no saben cómo terminarán su propia vida, ni cómo la terminarán a quienes desprecian. 

Así pues, el converso pedirá la misericordia de Allāh para sus familiares, amigos y conocidos no-musulmanes aún vivos con el fin de que obtengan la guía y puedan así hacerse musulmanes y entrar en el Paraíso. Según la voluntad de Allāh, la misericordia, gracia y favor de Allāh descenderán sobre ellos bajo la forma de guía y dirección para que puedan reconocer la verdad del Islam, levantando los velos que les impedían hacerse musulmanes. 

En cuanto al no-musulmán ya muerto, su destino está sellado, por lo que ya no se puede rezar por él, conformemente a las aleyas del Sagrado Corán en las que Allāh dice: 

Cor 9:84. No reces nunca por ninguno de ellos que haya muerto ni permanezcas en pie ante su tumba, ellos renegaron de Allāh y de Su mensajero y murieron fuera de Su obediencia.

Cor 9:113. No es propio del Profeta ni de los creyentes pedir perdón por los asociadores, aunque sean parientes próximos, después de haberles aclarado que éstos son los compañeros del Ǧaḥīm.

Cor 63:6. Es igual que pidas perdón por ellos o que no, Allāh no los va a perdonar. Es cierto que Allāh no guía a la gente descarriada.

Si se le permite al musulmán rezar por el no-musulmán vivo y no por el no-musulmán muerto, es porque la muerte sella el destino de la persona y su condición póstuma. Asimismo, está permitido rezar por el musulmán muerto, porque su condición póstuma es la de la Gente del Paraíso — al menos tal y como nos aparece. La invocación por él solo modifica su grado en la otra vida, y no su condición fundamental, que es de haber sido salvado. Así pues, invocar por el musulmán muerto podrá hacerle más leve el castigo que tenga que atravesar temporalmente, o podrá elevarlo hacia jardines más altos en el Paraíso. Las bendiciones, gracias y favores que Allāh podrá darle elevarán su grado, pero su condición póstuma quedará incambiada. En cuanto al no-musulmán muerto, su condición es la de la Gente del Infierno — al menos tal y como nos aparece — y por lo tanto no podemos rezar por él.

Sin embargo, cuando reflexionamos más profundamente sobre la cuestión, surge una pregunta interesante: ¿Acaso el estatuto del ser humano no está fijado ya desde toda eternidad? ¿Acaso el ḥadīṯ mencionado más arriba no establece un poco antes que esta condición póstuma de salvado (saʿīd) o condenado (šaqiy) ya está determinada en el momento mismo en que el Ángel insufla el espíritu del ser humano en el feto al final del cuarto mes de gestación?

Debemos volver a la distinción entre el punto de vista exterior y el punto de vista interior. Rezar por los demás supone un acto, y como tal entra dentro del marco de la Šarīʿa, dependiendo del conocimiento limitado y contingente del siervo. Es decir que solo podemos regirnos por aquello que es observable. ¿Cómo sabemos si alguien es musulmán o no? Por la šahāda, único elemento observable de la fe de una persona. Debemos pues comportarnos con él en esta vida en base a lo que hemos observado de él. Desde nuestro punto de vista limitado y temporal, no podemos conocer ni el destino final de cada uno, ni la sinceridad de la fe de cada uno. Solo Allāh conoce desde toda eternidad lo que nos depara el futuro y lo que no se alcanza por medio de la observación empírica. 

Por ello el Profeta Muḥammad  le preguntó a Usāma ibn Zayd, que en el transcurso de una expedición militar mató a alguien que huía de él y había pronunciado la fórmula de la Unicidad Divina: « ¡O Usāma! ¿Lo mataste después de que dijera ˝Lā ilāha illā Allāh˝? ». Éste respondió: « ¡O Mensajero de Allāh! Tan solo lo dijo para salvar su vida ». Pero el Profeta  contestó: « ¿Por qué no abriste su corazón para ver si lo dijo sinceramente? ». Y siguió repitiéndolo hasta que Zayd lamentó haberse hecho musulmán antes de ese día con el fin de poder borrar ese terrible pecado por su conversión, puesto que como es sabido, la conversión al Islam borra todos los pecados anteriores.

Este ḥadīṯ transmitido por Buẖārī y Muslim indica claramente que, desde el punto de vista de nuestros actos, que es el de la Šarīʿa, solo podemos fundarnos en lo que vemos, aunque la realidad invisible e interior sea distinta. Por eso precisábamos entre guiones « al menos tal y como nos aparece ». ¿Podemos alcanzar ese punto de vista interior?

Este punto de vista no concierne los actos, sino solamente la creencia. Como hemos dicho, desde el punto de vista de los actos, es musulmán quien pronuncia la šahāda, y de ahí deriva toda una serie de juicios legales relacionados con esta condición manifiesta y observable. Quien no haya pronunciado la šahāda no podrá ser considerado como musulmán, lo que significa que no se le podrá dar en matrimonio una mujer musulmana, no se le podrá dar la zakāt al-fiṭr, etc. — y tampoco se podrá rezar por él después de que haya muerto. Pero, ¿significa esto que está condenado al Fuego del Infierno? 

El ámbito de la creencia que nos ocupa es llamado en las lenguas occidentales « soteriología », palabra que viene del griego « soteria », que significa « salvación », es decir el hecho de ser liberado de la desdicha en la vida póstuma, y sobre todo del castigo del Infierno. Nos parece interesante desarrollar aquí la soteriología islámica, que muchas veces los conversos interpretan a la luz de la soteriología cristiana, cuando en realidad se fundan en visiones totalmente opuestas, tal y como veremos con la ayuda de Allāh. 

Según la creencia islámica, se salva quien tiene fe, tal y como anuncia el ḥadīṯ transmitido por al- Tirmiḏī, Abū Dāwud e Ibn Māǧah: « No entrará en el Paraíso quien tenga una pizca de orgullo en su corazón, y no entrará en el Fuego quien tenga una pizca de fe en su corazón ». Pero, ¿qué es la fe?

El reflejo común es contestar a esta pregunta citando los pilares de la fe mencionados en el ḥadīṯ de Ǧibrīl transmitido por Muslim: « La fe es que creas en Allāh, Sus Ángeles, Sus Libros, Sus Profetas, el Último Día y la Predestinación del bien y del mal ». Sin embargo, esto no define la fe, sino los pilares de la fe. En realidad, la fe es una disposición interior, una luz en el corazón que permite reconocer la verdad del mensaje revelado y creer en esos artículos de fe mencionados en dicho ḥadīṯ, tal y como sugiere esta aleya: 

Cor 2:146. Aquéllos a quienes dimos el Libro, lo conocen como conocen a sus propios hijos, pero hay un grupo de ellos que ocultan la verdad a sabiendas. 

Podemos llamar esa fe, la fe prearticulada, porque puede aumentar o disminuir, según lo que establecen aleyas como las siguientes: 

Cor 8:2. Los creyentes son aquéllos que cuando se recuerda a Allāh, se les estremece el corazón y que cuando se les recitan Sus signos les aumenta la fe y en Su Señor se confían. 

Cor 9:124. Y cuando se hace descender una sūra, los hay entre ellos que dicen: ¿A cuál de vosotros les aumenta la fe? A los que creen les hace creer más y se regocijan. 

Como resulta evidente que los pilares de la fe no pueden aumentar ni disminuir, podemos deducir que la fe es más amplia que los artículos de fe. De hecho, el Profeta  ha dicho, tal y como ha transmitido Muslim: « La fe tiene sesenta y tantas [y en otra versión, setenta y tantas] ramas ». Los Sabios han estudiado los ḥadīṯes en los que el Profeta  menciona la fe, con el fin de establecer una lista no exhaustiva de esas ramas (šuʿab al-īmān). Entre ellas, podemos mencionar, a parte de los conocidos seis pilares de la fe y de los elementos directamente relacionados con la práctica del Islam como religión: 

  1. La justicia (al-ʿadl), 
  2. La piedad filial (birr al-walidayn), 
  3. La sumisión a la autoridad (al-ṭāʿa), 
  4. La paciencia frente a la adversidad (al-ṣabr), 
  5. La búsqueda del conocimiento (ṭalab al-ʿilm), 
  6. La gratitud (al-šukr), 
  7. La higiene (al-ṭahāra), 
  8. El respeto de los lazos familiares (ṣilat al-raḥim), 
  9. La autocrítica (muḥāsabat al-nafs), 
  10. El respeto de la palabra dada (al-wafāʾ bi-l-ʿuqūd),
  11. La responsabilidad del depósito (adāʾ al-amāna),
  12. La compasión (al-raḥma),
  13. La sinceridad (al-ṣidq),
  14. La humildad (al-tawāḍuʿ),
  15. La mansedumbre (al-ḥilm),
  16. La hospitalidad (ikrām al-ḍayf),
  17. El pudor (al-ḥayāʾ), 
  18. El arrepentimiento (al-tawba), 
  19. El gasto adecuado entre la avaricia y el despilfarro (al-tawassuṭ fī-l-infāq), 
  20. La intención de hacer el bien por hacer el bien (al-iḥtisāb),
  21. La reprobación del mal (inkār al-munkar),
  22. La preocupación por los demás (hamm al-nās),
  23. La amabilidad y la educación en el modo de hablar (iḥsān al-qawl),
  24. El perdonar a quien nos ha hecho daño (al-ʿafuwwu ʿan al-musīʾ),
  25. La castidad (ḥifẓ al-farǧ),
  26. El dar un testimonio verdadero (šahādat al-ḥaqq), 
  27. El saludar amablemente (ifšāʾ al-salām bi-l-lisān wa-l-yad), 
  28. El quitar del camino lo que puede ser perjudicial (imāṭat al-aḏā ʿan al-ṭarīq). 

Estas características indican que alguien puede tener fe mientras manifiesta alguna de estas cualidades y de estos comportamientos, incluso sin ser musulmán. ¿De qué depende entonces su devenir póstumo? Únicamente de su rechazo del Islam, conformemente a la aleya: 

Cor 17:15. Y no castigamos sin antes haber enviado un Mensajero. 

Cor 67:8-9. Cada vez que algún grupo sea arrojado al Infierno, les preguntarán sus guardianes: « ¿Acaso no os llegó uno que os advirtió? ». Dirán: « Sí, nos llegó un advertidor, pero negamos la verdad y dijimos: ˝Allāh no ha hecho descender nada, no estáis sino en un extravío˝ ». 

Estas aleyas indican claramente que la única razón por la que un individuo puede ser castigado por Allāh es el rechazo del mensaje de Allāh después de que éste le haya llegado. Y en un ḥadīṯ transmitido por Muslim a partir de Abū Hurayra, el Profeta  ha dicho: 

Por Aquél que tiene en Su Mano el alma de Muḥammad, no hay nadie de los que oyen de mí, ya sea de esta comunidad [pagano], judío o cristiano, y luego muere sin haber creído en el mensaje que he traído conmigo, sin que sea de la Gente del Fuego.

Los Sabios han aclarado que el « oír del Profeta » es la condición de la condenación y del castigo en la otra vida. Si se ha oído un mensaje procedente de Allāh y no se ha creído en él, sino que se ha rechazado, tal persona será rechazada al Infierno. Pero si no le ha llegado tal mensaje, esta persona puede ser salvada. Este punto es de suma importancia, porque lo determinante según estas fuentes escrituarias, no es la creencia en Dios, ni en su Unicidad, sino solamente el rechazo del mensaje. Por lo tanto, Allāh no considera como responsable a la gente que no ha llegado por vías racionales a la conclusión de que Dios existe, contrariamente a lo que afirmaban los teólogos racionalistas de la escuela muʿtazila. Éstos querían imponer la idea de que la afirmación de la existencia de Dios por vía racional era una obligación para todo ser humano, de tal modo que el que no creía en Dios — único además —, aun sin que le hubiera llegado el mensaje, debía ser castigado por Dios. Sin embargo, estas fuentes escrituarias permiten sostener lo opuesto. Como indica la aleya citada de la sūra al-Mulk (67), a la gente que llega al Infierno, se le pregunta si ha recibido el mensaje por parte de un advertidor y si ha creído en él, y no si ha creído en Dios. 

Asimismo, el Imām al-Ġazālī confirma en su obra Fayṣal al-tafriqa bayna al-islām wa al-zandaqa, que la infidelidad (kufr) consiste en considerar que lo que dice el Mensajero no es verdad (takḏīb al-rasūl). Por lo tanto, solo puede ser condenado quien ha rechazado el mensaje después de que éste le haya llegado. Pero hay más: no solo es necesario haber recibido el mensaje, sino también haberlo recibido correctamente. Dice el Imām al-Ġazālī en el mismo libro:

Afirmo que la misericordia de Allāh comprende muchas de las comunidades que nos han precedido, aun cuando la mayoría de ellas será expuesta al Fuego del Infierno ligeramente, durante un instante, una hora, o durante un período tan largo que se les llamará los resucitados del Infierno. Además, pienso que la mayoría de los cristianos de Bizancio y de los Turcos de nuestra época serán objeto de esta misericordia, si a Allāh le place — ¡Exaltado sea! Hablo de los habitantes de los confines de Bizancio y de los países turcomanos a los que no les ha llegado la prédica del Mensajero . Podemos clasificarlos en tres categorías: la primera es aquélla a la que no le ha llegado en absoluto el nombre de Muḥammad . A ellos no se les podrá considerar como responsables. Otra categoría es aquélla a la que le ha llegado el nombre del Profeta , así como su descripción y los milagros que ha realizado: se trata de los vecinos de los países musulmanes — a los que conocen —, y que sin embargo siguen siendo infieles y ateos. La última categoría remite a la gente situada entre estos dos grados: el nombre de Muḥammad  les ha llegado, pero lo ignoran todo de su personalidad y de sus cualidades. Por el contrario, desde su infancia, han oído a menudo que había un mentiroso y embustero llamado Muḥammad, que pretendió ser profeta, al igual que nuestros hijos [musulmanes] han oído que un mentiroso llamado al-Muqaffaʿ ha pretendido ser profeta. En base a ello, considero que la gente de esta categoría es idéntica a la primera, ya que, a pesar de haber oído el nombre del Profeta , se les ha descrito como opuesto a sus verdaderas cualidades, lo que no puede conducir a indagar para conocer cuál es la verdad.

Al considerar no solo la recepción del mensaje, sino la manera correcta en que este mensaje se ha recibido, es menester reconocer que en Occidente, a pesar de que mucha gente ha oído de la existencia del Islam, muy pocos saben realmente de qué trata, quién es el Profeta Muḥammad , y cuáles son verdaderamente sus cualidades — o al menos lo mínimo para poder llevar a cabo, sobre una base neutra, una investigación detallada sobre tal mensaje y cerciorarse de su verdad. Su visión del Islam viene formateada por una parte por un ateísmo difuso que lleva a una actitud espontánea de rechazo hacia la religión en general, y por otra parte por los medios de comunicación que transmiten una imagen distorsionada, violenta y degradada del Islam en particular. Por ende, carecen de la neutralidad necesaria para que su rechazo pueda realmente considerarse como motivado, consciente e informado. 

Así pues, es posible que gente que desde un punto de vista exterior aparece como no-musulmana, sea en realidad creyente y tenga fe desde un punto de vista interior, mientras no haya rechazado el mensaje del Profeta Muḥammad  de manera consciente e informada. Y el Día del Juicio, será resucitada como tal y recompensada con el Paraíso, a pesar de que en esta vida vivió como no-musulmana. Desde el punto de vista de nuestros actos, no podemos considerarlos como musulmanes tanto no han pronunciado la šahāda, privándonos de rezar por ellos una vez muertos. Pero desde el punto de vista de nuestra creencia, podemos pensar que han obtenido la misericordia de Allāh, tanto no han rechazado el mensaje del Islam de manera consciente e informada. Y eso forma parte del mandamiento que consiste en tener una buena opinión de Allāh (ḥusn al-ẓann). En esta categoría entra la inmensa mayoría, no solo de Occidentales, sino de no-musulmanes, sean de donde sean, y hayan vivido en la época que sea. 

Aunque no se puede rezar por un no-musulmán tanto éste no ha pronunciado la šahāda, porque no sabemos si de alguna manera tuvo conocimiento del Islam, aunque fuera poco probable — pero no imposible —, es posible rezar de modo indeterminado por sus antepasados y familiares, e incluso por todos los seres humanos de manera más general, que no han conocido el Islam. Por ejemplo, se puede decir: « ¡Oh Dios mío! ¡Perdona y derrama Tu misericordia sobre todos mis antepasados que tenían fe y no han recibido Tu mensaje! ». De esta manera, se obvia el problema de mencionar una persona en concreto que podría haber rechazado el Islam sin que lo sepamos, y al mismo tiempo se reza por los que tenían fe y que solo Allāh conoce.

Los conversos podrán calmar así su corazón, sin sentir angustia por sus familiares no-musulmanes y sin que este temor les dificulte su relación con Allāh, ya que Allāh es Misericordioso y Perdonador. Si alguien por ejemplo ha ignorado casi todo del Islam, salvo a lo mejor el nombre de esta religión, pero se ha comportado bien durante toda su vida, manifestando algunas de las cualidades y de los comportamientos que constituyen las ramas de la fe, significa que tenía fe en su corazón, a pesar de que esta fe no pudo manifestarse en esta vida terrenal por el seguimiento de la religión aprobada por Allāh en su época. Y el Día de la Resurrección, lo que permaneció oculto será manifestado y Allāh retribuirá a cada uno según lo que tenga en su corazón. 

Es posible no obstante que, en el transcurso de su vida póstuma, tal persona pase algo de tiempo por una fase de castigo, como dice el Imām al-Ġazālī, con el fin de ser purificada, ya sea en la vida intermedia o en la vida última. Es sabido que en el Islam se distinguen tres etapas en la vida póstuma, cada una con su resurrección asociada, la cual debe ser entendida como un proceso de transición de un estado de existencia a otro distinto: 

  • La vida intermedia (ḥayāt al-barzaẖ), que tiene lugar en la tumba y va del momento en que alguien muere hasta que es resucitado para el Día del Juicio. Justo después de la muerte corporal, sucede la resurrección menor.
  • La vida del Día del Juicio (yawm al-Qiyāma), que tiene lugar al salir de la tumba, después de la resurrección intermedia, y que va de ese momento hasta la entrada en el Paraíso o el Infierno, durando esta fase unos 50.000 años, tal y como afirma un ḥadīṯ en referencia a Cor 70:4.
  • La vida última (al-ḥayāt al-āẖira), que empieza en el momento en que se entra en el Paraíso o el Infierno y dura toda la eternidad. A ella le corresponde, después del Día de la Juicio, la resurrección mayor.

Si las buenas acciones de alguien son insuficientes frente a sus malas acciones, será castigado en cada etapa de su vida póstuma, hasta que, por un sistema de retribución, sus malas acciones sean completamente eliminadas y borradas por el castigo sufrido. Si sus malas acciones son pocas, se le castigará solo en la tumba; si son cuantiosas, también en el Día del Juicio; y si son muchas, irá el Infierno durante un tiempo y luego, cuando haya sido completamente purificado, saldrá para ir al Paraíso, con la condición de que tuviera una partícula de fe, según el célebre ḥadīṯ transmitido por Buẖārī y Muslim, en el que dice el Profeta :

Saldrá del Fuego quien diga ˝Lā ilāha illā Allāh˝ y tenga un pellizco de bien. Saldrá del Fuego quien diga ˝Lā ilāha illā Allāh˝ y tenga una pizca de bien. Saldrá del Fuego quien diga ˝Lā ilāha illā Allāh˝ y tenga una partícula de bien.

Pero también puede que ser que Allāh, por Su Bondad y Generosidad, le perdone sus malas acciones y le borre todos sus pecados sin castigarlo ni hacerle sufrir. Así pues, solo permanecerán eternamente en el Fuego aquéllos que hayan rechazado el mensaje del Islam de modo consciente e informado. Esto implica una doble responsabilidad que el musulmán debe meditar profundamente. Por un lado, por parte del que recibe el mensaje: cuanto más sepa del Islam, mayor será su castigo si lo rechaza. Por otro lado, por parte del que transmite el mensaje: cuantos más no-musulmanes conozca, mejor deberá transmitirles el mensaje, porque por su culpa alguien podría rechazar el Islam. De ahí esa célebre fórmula que se repite a menudo: « Todo musulmán es un embajador del Islam ». 

Ahora podemos realizar una comparación estrecha entre la soteriología islámica y la soteriología cristiana. En primer lugar, en el Islam, el castigo no es necesariamente eterno, sino que en la mayoría de casos corresponde a un período de purificación cuyo fin es equilibrar la balanza entre las buenas y las malas acciones. El castigo solo es eterno para el que ha rechazado el mensaje de Allāh. Y la razón de ello radica, tal y como explican los Sabios, en que tal persona, con su rechazo, ha tenido la intención de rechazar a Allāh para siempre. En la medida en que « los actos solo valen por sus intenciones », conformemente al conocido ḥadīṯ, la sanción de tal acto cuya intención tiene un alcance ilimitado, es un castigo eterno. Del mismo modo, el creyente que ha aceptado y seguido el mensaje de Allāh, lo ha hecho con la intención de hacerlo para siempre, y su recompensa también es eterna. 

En segundo lugar, la salvación cristiana completa viene limitada a los seguidores de Cristo, dejando en una especie de limbo a todos los pueblos que no han conocido ni la Antigua Alianza, ni la Nueva. Conocida es la fórmula cristiana que se remonta a Cipriano de Cártago (siglo III): « Fuera de la Iglesia, no hay salvación » (Extra Ecclesiam nulla salus), y que tuvo una gran posteridad en el seno de la Iglesia. Por ejemplo, en el símbolo atanasiano del siglo V, se profesa: « Quienquiera desee salvarse debe, ante todo, guardar la Fe Católica; quien no la observe íntegra e inviolada, sin duda perecerá eternamente ». Y leemos en una declaración del IV concilio de Letrán (1215): « Hay solo una Iglesia Universal de los fieles, fuera de la cual nadie está a salvo ». Hay que reconocer sin embargo que en el último siglo, tal exclusivismo absolutista se ha ido relativizando hasta tomar una posición más cercana a la del Islam. 

En éste, se reconoce la validez de todas las religiones antes de la revelación del Islam. Cada comunidad tenía su Profeta y su religión, según establecen las siguientes aleyas del Sagrado Corán: 

Cor 13:7. Para cada comunidad, hay un guía.

Cor 16:36. Hemos enviado un Mensajero a cada comunidad. 

Cor 35:24. No ha habido ninguna comunidad por la que no ha pasado un advertidor.

Desde el principio de los tiempos se han sucedido pues Profetas que han aportado a cada comunidad una religión para que la gente sea salvada y guiada hacia el conocimiento de Dios. Ciertamente estas religiones han ido degenerando, de modo que se han introducido innovaciones, ya sea en la práctica o la creencia. Sin embargo, como musulmanes creemos que la gente que no tenía la posibilidad de conocer la verdad en períodos especialmente sombríos en los que Allāh no mandaba Profetas, lo que en árabe se denomina « fatra », no puede ser considerada como responsable de su extravío, y Allāh no la castigará. 

A veces, estas desviaciones podían incluso llegar a cuestionar la Unicidad de Allāh (tawḥīd) y llevar a la gente al asociacionismo (širk). Algunos pensarán entonces que Allāh no los perdonará, sino que los castigará en el Fuego por su asociacionismo, en base a la aleya siguiente: 

Cor 4:48. Es cierto que Allāh no perdona que se Le asocie con nada, pero fuera de eso, perdona a quien Él quiere. 

No obstante, esta aleya no oblitera el hecho de que la condición de la responsabilidad es ante todo la recepción del mensaje. Uno solo puede ser condenado por su širk después de haber recibido el mensaje de un Profeta indicándole que tal creencia es incorrecta. 

El exclusivismo cristiano es tan absoluto que conduce a una posición difícil de defender y de compatibilizar con la Justicia y la Misericordia Divinas. ¿Por qué gente a la que no le ha llegado el mensaje debería ser condenada o al menos despojada de una salvación completa? La perspectiva del Islam es, por el contrario, realmente universal porque tiene en cuenta la pluralidad de culturas y religiones, considerando que cada una era válida en su forma de revelación original. Pero a partir de la revelación del Islam, que es la última revelación y además va destinada al conjunto de la humanidad, las otras religiones han quedado abrogadas y se ha vuelto una obligación para todo ser humano hacerse musulmán siguiendo al Profeta Muḥammad . Por ello, el que no lo hace y rechaza el mensaje, es condenado al Infierno. Esta visión es perfectamente coherente con la Justicia y Misericordia Divinas, así como con una perspectiva verdaderamente universal: antes de la revelación del Islam por su pluralismo universalista, y después de la revelación del Islam por su exclusivismo universalista, dejando sin embargo la puerta abierta a los que no han recibido el mensaje. ¡Alabado sea Allāh!

En tercer lugar, la soteriología cristiana parte de la primacía de la condenación sobre la salvación, cuando la soteriología islámica establece la primacía de la salvación sobre la condenación. Según el cristianismo, lo que salva es la fe en Cristo y el bautismo, que se fundan a su vez en el sacrificio de Cristo, por el que Dios ha redimido al género humano hundido en el pecado original. La doctrina de la expiación y de la redención, inventada por Pablo de Tarso, desarrollada por Orígenes de Alejandría y difundida por Agustín de Hipona, afirma que el ser humano, por su falta ancestral y su naturaleza corrompida, está condenado al Infierno, a menos que Dios lo salve mediante Su gracia. Según esta concepción sumamente pesimista, el pecado no es un acto, sino un estado que exige una intervención divina extraordinaria para ser eliminado. El sacrificio de Cristo es interpretado de diversas maneras por los cristianos, pero en general se considera que es el rescate por el que Dios queda finalmente satisfecho y redime a la humanidad, según el principio de la substitución penal. La desobediencia del primer hombre, que ha infectado a toda la humanidad, queda expiada y borrada por la obediencia absoluta y el sacrificio de Cristo, el inocente que sufre el castigo en lugar de los culpables. 

Esta doctrina innovadora dentro de las tradiciones abrahámicas contradice las enseñanzas del Islam en varios puntos. Primero, Cristo no murió, de tal modo que no ha habido ningún sacrificio. En realidad, Cristo fue elevado al cielo con vida y ahí permanecerá hasta el final de los tiempos, cuando vuelva en su segunda venida. Dice Allāh en el Sagrado Corán: 

Cor 4:157-158. Y por haber dicho: Nosotros matamos a Cristo, hijo de Maryam, mensajero de Allāh. Pero, aunque así lo creyeron, no lo mataron ni lo crucificaron. Y los que discrepan sobre él, tienen dudas y no tienen ningún conocimiento de lo que pasó, sólo siguen conjeturas. Pues con toda certeza que no lo mataron. Sino que Allāh lo elevó hacia Sí, Allāh es Poderoso y Sabio. 

Segundo, un hombre solo es responsable de sus propios actos, de tal modo que la humanidad no es pecadora por el pecado de Adán. Como dice Allāh en el Sagrado Corán: 

Cor 35:18. Nadie cargará con la carga de otro. 

Tercero, el hecho de castigar a un inocente para perdonar al culpable, constituye una aberración según la idea más básica y genérica que uno puede hacerse de la justicia, la cual se fundamenta en la reciprocidad y la proporcionalidad. Si afirmar que Dios es justo tiene un sentido, esta doctrina resulta difícilmente aceptable. Dice Allāh en el Sagrado Corán: 

Cor 2:179. En el talión tenéis vida, ¡vosotros que sabéis reconocer la esencia de las cosas!

La soteriología islámica en cambio se fundamenta en una posición mucho más optimista: en cierto modo, el ser humano ya está salvado. Lo que tiene que hacer todo individuo es perseverar en esta tendencia y evitar extraviarse. Según el Sagrado Corán, el ser humano ha sido creado con una naturaleza primordial, pura e inmaculada (fiṭra), que le hace reconocer naturalmente a su Creador. Ha dicho Allāh en el Sagrado Corán:

Cor 95:4-5. Que en verdad creamos al hombre en la mejor disposición, y luego lo convertimos en uno de los más bajos. 

Cor 30:30. Mantén tu rostro hacia la adoración de modo exclusivo. Tal es la naturaleza primordial con la que Allāh ha creado a los hombres. No se puede modificar la creación de Allāh. Tal es la religión perenne, pero la mayoría de hombres no sabe. 

Además, antes de su vida terrenal, todos los espíritus del género humano reconocieron a su Señor tal y como relata la aleya: 

Cor 7:172. Y cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adam a su propia descendencia e hizo que dieran testimonio: « ¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? ». Contestaron: « Sí, lo atestiguamos ». Para que el Día de la Resurrección no pudierais decir: « Nadie nos había advertido de esto ». 

Es como si a lo largo de toda su vida, el ser humano condujera por una autopista que va directa al Paraíso. Lo único que tiene que hacer es seguir el camino, conformemente a su naturaleza primordial, y no salirse por las sendas, lo que le llevaría a extraviarse irremediablemente, tal y como sugiere la siguiente aleya: 

Cor 6:153. Este es Mi camino recto. ¡Seguidlo! Y no sigáis los caminos diversos, pues ello os separaría y os apartaría de Su camino.

En cierto sentido, el cristianismo garantiza el Infierno para el no-cristiano y lo contempla como una eventualidad para el cristiano, cuando el Islam garantiza el Paraíso para el musulmán y lo contempla como una eventualidad para el no-musulmán. 

¡Alabado sea Allāh, por la gracia inmensa del Islam! Esta religión de verdad satisface tanto nuestra aspiración a la misericordia de un Dios compasivo, como la exigencia de justicia por parte de un Dios equitativo. Además, la complejidad de su doctrina, que no se encierra ni en el simplismo ni en el maniqueísmo, revela la grandiosidad de Allāh — ¡Exaltado y elevado sea! ¡Y que Allāh bendiga a su Profeta y derrame Su bendición sobre él, su Familia y sus Compañeros! 

Discurso del Shayj Mahy Cisse en la Conferencia sobre la Paz

Bismi-Llāhi-r-Raḥmāni-r-Raḥīm

Shayj Mahy conference paix

Intervención del Shayj Muhammad al-Mahy Cissé en la Conferencia sobre la Paz:

  • Video del discurso en árabe:

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El Islam eterno

Bismi-Llāhi-r-Raḥmāni-r-Raḥīm

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Šayj Ibrāhīm Niyās

Traducido al español por ʿUmar al-Galliqī y revisado por Samir al-Tijani

[Reproducido con el permiso del editor del libro « Las perlas de la Efusión Divina: Discursos seleccionados de Shaykh al-Islam Ibrahim Niasse », de Zakariya Wright y Yahya Weldon, con una introducción del Šayj Ḥasan ibn ʿAlī Cissé (Atlanta: African American Islamic Institute, 2006) , p. 29-36.] 

Este discurso fue pronunciado por el Šayj Ibrāhīm durante la celebración del nacimiento del Profeta (Mawlid) en Medina-Kaolack (Senegal), el 19 de julio de 1965. Una versión inglesa del discurso apareció por primera vez el 25 de julio de 1992, en la edición de la revista « Al Faydatou Tijania » (El Cairo: Muḥammad Maʾmūn Niasse). El discurso fue pronunciado originalmente en wolof. No se conoce el nombre del traductor. Sin embargo, las personas que se ocuparon de redactar el número (y por tanto se ocuparon también de la traducción, al menos algunos de ellos) fueron: Bachir Niasse, Babacar Seck, Ali Sokhna, Ali Biteye, Sidi Arabi Niasse, Ibrahim Thiam, Ibrahim Sall, Boubacar Thiam y Arab Diop. Se ha publicado una versión ligeramente diferente en la obra de Abdul Hakim Halim (ed.): « Shaykh al Islam al Hajj Ibrahim Niasse, Tariqa Tijaniyya: escritos seleccionados sobre Shaykh Ibrahim Niasse » (Detroit: African American Islamic Institute, 2000, p. 19-26). Presentamos aquí una nueva versión de este discurso debido a que se encontraban algunas incoherencias persistentes en las traducciones anteriores. Los números entre paréntesis después de las citas remiten a los capítulos específicos y a los versículos del Corán que está citando el Šayj Ibrāhīm.

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La cuestión de las tumbas en el Islam

Bismi-Llāhi-r-Raḥmāni-r-Raḥīm

De la destrucción de las tumbas 

y de lo que han hecho los tontos de nuestra comunidad

Yusrī Rušdī Sayyid ŷabr al-Ḥasanī

Versión PDF: qadiyya-al-adriha

En el Nombre de Allāh, el Misericordioso, el Compasivo.

¡Alabado sea Allāh, el cual nos basta como garante! Y atestiguo que no hay deidad sino Dios y que Muḥammad es Su siervo y Su Mensajero.

Seguidamente:

Ciertamente, entre las cosas que han afectado a nuestra patria querida en esta época tan difícil, es necesario mencionar a la secta denominada « Salafismo », la cual se ha extraviado y no se ha asimilado en modo alguno la comprensión de los Piadosos Predecesores relativa a la religión. Sus seguidores se encierran en sí mismos y no escuchan salvo a quien comparte su propia comprensión, rechazando toda opinión diferente y cualquier método alternativo al suyo, incluso cuando éstos presentan mayor legitimidad. La gente los teme y no quiere verlos llegar al poder porque perciben la limitación de su entendimiento, su ignorancia de las reglas de la derivación, de los principios del derecho y de la lengua árabe, y sus numerosas discrepancias en relación al consenso establecido en esta comunidad sobre diversos asuntos religiosos.

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Testimonio del Imām Fakhruddin Owaysī sobre la Ṭarīqa Tiŷāniyya

Imām Fakhruddin con el heredero y hermano menor de Šayj Ḥasan Cissé, Sīdī Māḥī Cissé,

En la Mezquita del Profeta (SAAWS), en al-Madīna al-Munawwara

PREGUNTA: 

As-salām ʿalaykum Sīdī Fakhruddin,

¿Podría usted contestar a las siguientes preguntas?

  • ¿Cómo escoger una Ṭarīqa?
  • ¿Por qué se hizo usted Tiŷānī?

Gracias.

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Las nobles cualidades del Šayj Aḥmad at-Tiŷānī

Bismi-Llāhi-r-Raḥmāni-r-Raḥīm,

LAS NOBLES CUALIDADES - portadaTengo el placer de anunciarles la puesta en venta de la obra “Las nobles cualidades del Šayj Aḥmad at-Tiŷānī” del Šayj Aḥmad Sukayriŷ.

Para adquirir un ejemplar de la obra, ver el siguiente enlace:

http://www.readontime.com/ROT/vision-libros/ahmad-sukayriy-traduccion-de-samir-hariche/las-nobles-cualidades-del-šayj-a-mad-at-ti-n-aš-šama?ilu-t-tiyaniyya_9788415965336.html

De la locura wahhābī

Bismi-Llāhi-r-Raḥmāni-r-Raḥīm,

Versión PDF: De la locura wahhabi.

El movimiento wahhābī fue fundado en el siglo XVIII por Muḥammad ibn ʿAbd al-Wahhāb. Procedía de una familia de sabios y su padre ʿAbd al-Wahhāb fue juez (qāḍī) en la región de Huraymilāʾ. Dice Ibn Ḥumayd an-Naŷdī al-Ḥanbalī del Qāḍī ʿAbd al-Wahhāb:

Fue el padre de Muḥammad, el fundador de la prédica (daʿwa) que ha hecho tanto daño difundiéndose por todos los horizontes. Sin embargo, hay una gran diferencia entre el padre y el hijo. ʿAbd al-Wahhāb no estaba satisfecho con su hijo porque éste no había estudiado el fiqh, contrariamente a sus ancestros. El Šayj tenía la intuición de que su hijo traería alguna calamidad y solía decir: “Algún día veréis a Muḥammad hacer mucho daño”.

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Blog sobre la Ṭarīqa Tiŷāniyya en habla hispana